jueves, 21 de abril de 2011
Fragmento de LWD - Sasha y Niles
Narrado por: Niles S.K.
"Aunque me borraran la memoria, aunque me matasen, aunque en el mundo dejasen de existir los recuerdos, estoy seguro de que nunca podría olvidar éste momento."
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DePestHrt-Piso 103-23GC
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Esta vez, al volver a abrir los ojos, seguía sosteniendo la mano de Sasha.
Aquel lugar, si bien la anterior sala no había sido tan desconcertante y aterradora como el resto, era todo un regalo.
Parecía que el enorme complejo castillesco en el que nos encontrábamos había sido capaz de leer nuestros corazones, de ver lo que se estaba formando en su interior, llevándonos a ese lugar.
Suspendidos sobre una pequeña plataforma de madera que se mantenía en el aire muy alto sobre el cielo gracias a unas pequeñas hélices amarradas con cuerdas, contemplábamos la imagen mas bella que veríamos en el Long Way Down.
Un atardecer envejecido arrojaba una tenue luz anaranjada sobre una enorme bandada de lo que parecían enormes globos aerostáticos de colores, a nuestros pies. Zarandeados con mucha suavidad por las frescas brisas. Brisas que también hacían ondular el pelo de Sasha, con una delicadeza que logró borrar de mi mente todo rastro de preocupación o miedo... diría que lo borró todo excepto a ella.
Se soltó de mi mano y fue corriendo al borde de la plataforma.
-¿Qué haces?-Le dije.
-¿Tú que crees? Seguro que hay que bajar...-Me sonrió y cerró los ojos mientras se dejaba caer de espaldas.
Yo tampoco pude ocultar mi sonrisa y corrí tras ella, lanzándome también al vacío.
Sasha, cayendo delante de mi, parecía danzar con el viento. Su cuerpo se movía con una gracilidad hipnotizante... estaba preciosa.
Cayó sobre un globo de color naranja, que la hizo rebotar a tiempo para hacerme una burla mientras yo trataba de agarrarme para no rebotar también.
Recuerdo perfectamente el tacto de aquellos globos. Con una fina capa de pelo y una calidez que sorprendía, como si estubieran vivos. Un atributo mágico mas a aquel lugar, que parecía haber sido hecho para nosotros.
Sasha volvió a caer sobre el globo, a mi lado, girándose de un rápido movimiento que acabó formando un arco sobre mi con sus brazos.
Nos miramos a los ojos.
Ella bajó su vista a mis labios y se mordió los suyos, como conteniéndose.
Casi había hecho ademán de incorporarme y besarla cuando me agarró rápidamente del brazo, lanzándome de nuevo al vacío, para luego saltar ella tras de mi entre risas, volviendo a danzar con las corrientes de aire durante su caida.
Esta vez, el globo sobre el que aterrizamos era violeta.
Cuando nos incorporamos,caminó hacia mi y me agarró la cara con las manos, mirándome fijamente.
La cogí por la cintura, levantándola, para luego dejarla caer por el borde del globo sin parar ambos de reir. Volví a saltar tras ella para continuar con nuestro descenso.
En el siguiente globo tan solo rebotó rápidamente de forma horizontal y siguió descendiendo. Yo hice lo mismo, tratando de seguirla.
Sus hipnóticos movimientos cesaron para dejar que me adelantara y me pusiera a su altura. La volví a coger de la cintura mientras caíamos.
-Ahora no me puedes dejar caer... a menos que sepas dejar caer hacia arriba.-
Reímos para luego callar un silencio perfecto. Mis labios pedían los suyos, esos labios carnosos y rosados que vibraban por el rozamiento del aire. Nunca había deseado algo con tanta fuerza.
La intenté besar, pero no dió tiempo. Caímos sobre un enorme lago, hundiéndonos sin soltarnos.
Cuando emergimos, el tono anaranjado del atardecer había desaparecido. Lo único que alumbraba aquella tranquila noche eran cientos de juncos que rodeaban el lago, que arrojaban luz como si de pequeños faroles se tratara. Una pequeña cascada salía de una pared de rocas al fondo, formando una pequeña cuna de agua con diminutas piedras, de colores tan variados como los globos que habíamos visto al descender.
Sasha se soltó de mis brazos y nadó velozmente hacia allí. Me sorprendió lo rápido que nadaba.
Cuando la alcancé, estaba de rodillas, hundiendo las manos entre aquellas piedrecitas, sonriendo con la dulzura y pureza de una niña.
Me coloqué detrás suya y hundí mis manos también, hasta notar el tacto de las suyas. Ella las sacó rápidamente y se giró, quedándo bajo mía, y me miró aún con esa inocencia en sus ojos.
-Creo que..-Comencé a decir, pero ella calló mis palabras con un beso mientras me rodeaba con sus brazos.
Saqué mis manos de entre las piedras y sujete su espalda entre caricias, para dejarla caer con suavidad.
Nuestros cuerpos fueron uno en aquella orilla, creando hondas en el agua que difuminaron el bello reflejo que las estrellas y los globos de colores dejaban en aquel lago.
Aquella noche todo cambió. Mi vida comenzó a tener un propósito, un fin, un sueño.
Ahora sí que tenía una razón para salir con vida de la prueba tan difícil a la que nos enfrentábamos.
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