jueves, 18 de octubre de 2012

El Tren




Las copas de los árboles tienen un verde muy intenso. El tren va muy rápido, pero aún así se puede apreciar como las hojas ondean con el viento.
La vista es maravillosa, única. No hay mejor manera de endulzar éste viaje que quedarse prendada mirando por la ventana.

Una señora mayor se dirige a mi.
-¿Te importa que me siente a tu lado, hija?
-Claro, siéntese.
-¡No es muy común ver una carita tan joven! Normalmente éste trayecto solo lo hace gente mayor.

Hasta que la señora no hizo hincapié, no me dio por fijarme en el resto de los pasajeros. Efectivamente, casi la totalidad eran ancianos o adultos ya entrados en edad... Aunque todos parecían muy contentos, con las caras iluminadas y llenos de vitalidad.
-Pues no entiendo por qué, éste lugar es tan hermoso que todo el mundo debería hacer el trayecto. -Respondí.
La anciana me sonrió con dulzura, ladeando la cabeza como si me diera la razón, y sacó de su bolso un juego de agujas de croché y un par de ovillos de lana.

Yo continué mirando por la ventana. Una bandada de pájaros volaba cerca del tren, a muy baja altura. Casi parecían intervenir con el movimiento de las hojas de los árboles, al compás con el viento.
Estaban muy sincronizados, demasiado sincronizados. Parecían notas musicales colocadas perfectamente sobre un pentagrama sin rayas.

Cuando el Tren tomó una pequeña curva, la visión a lo lejos de unas redes de cableados dibujaron la pieza que faltaba: Un perfecto pentagrama se formó en el aire ante mi.
Aún pensando en la casualidad, traté de identificar que nota era cada pájaro hasta que, sorprendida, vi en ellos una conocida composición de Chopin. La precisión era increible.
-¡Señora! ¡Mire por la ventana!- Traté de llamar la atención de la anciana para compartirlo con ella.

La señora dejó de hacer punto y giró la cabeza para mirar.
-Fíjese -me di la vuelta -forman un...
-Es hermoso, ¿Verdad?- Volvió a sonreírme, como si le pareciera bello, pero no le sorprendiera en absoluto. Cuando volví a mirar por la ventana, ya no estaban los pájaros, solo el mismo entramado de frondosos bosques que me había sobrecogido hasta entonces.

Observé de nuevo a la señora. Tejía una pequeña estrella, como un bolso pequeño.
-Lo estoy haciendo para tí. -Me dijo.- Para que no olvides éste trayecto.-

La sonrisa que me dirigió ésta vez estaba cargada de melancolía.
Sentí el impulso de abrazarla, pero antes de que me pusiera en pie percibí un ruido en uno de los vagones de atrás. Alguien estaba tocando el piano... la misma pieza que acababa de ver dibujada en el cielo.
Me levanté y abrí la puerta que comunicaba con el anterior vagón, decidida.

El vagón de atrás era algo mas pequeño, pero no tenía ningún asiento, solo un piano sobre una enorme alfombra roja que ocupaba casi todo el espacio, todo iluminado con varios candiles rojizos.

Un anciano tocaba el piano sonriente, con los ojos cerrados.
No sabría muy bien como explicarlo, pero su rostro me resultaba reconfortante, tenía la sensación de conocerle. Como si fuera sacado de un recuerdo lejano, casi borrado.

Un ladrido me hizo mirar bajo el piano.
-¿Canela? ¡Canela! ¡No puede ser!-

Mi perrito de la infancia estaba allí, como si no hubieran pasado los años. Se sentó a mi lado y me tendió la pata, como siempre hacía.

Estaba tan contenta, tan embriagada de felicidad, que no entendía lo que eso significaba; hasta pasados unos minutos, cuando me puse en pie e intenté recordar: ¿Adonde iba? ¿Como y cuando había entrado en ese tren?

No había respuesta. Lo único que me vino a la cabeza al intentar recordar fueron imágenes borrosas. Lluvia en un cristal, la parte de atrás de un coche, una luz roja, un... golpe.

Lo comprendí. No sabía como reaccionar, como sentirme. Me desplomé en el suelo, de rodillas. Sin nisiquiera terminar de entenderlo, rompí a llorar.

El anciano no paró de tocar. Y agradecía que no lo hiciese, tenía la sensación de que si parase de tocar terminaría de perderlo todo. Canela frotaba su hocico en mi rodilla, tratando de animarme.

La señora que se sentó a mi lado en el otro vagón apareció detrás mía para abrazarme.
-No te preocupes -Me susurró al oido. -Estoy aquí para ayudarte, para guiarte.

Recorrió mis brazos con sus manos hasta dejar en la palma de las mías el pequeño bolsito con forma de estrella que había terminado de tejer.

La miré a la cara, aún con los ojos llorosos.
-Ábrela -Me dijo, volviendo a sus primeras sonrisas cálidas.

Dentro del bolsito había.. luz. Una luz que me hizo comprender que no tenía por qué temer, que ésto no era mas que un nuevo camino que ahora me tocaba andar. Un camino maravilloso que marcaba un momento nuevo, de dimensión infinita, donde no había espacio para el dolor.

-Canela se coló en el tren junto a tu abuelo -señaló al hombre que tocaba el piano- porque no podía esperar a verte, como él, que solo te conoció cuando aún eras un bebé. Cuando lleguemos verás cuantos mas te esperan. Tienes aún mucho amor por dar y recibir, niña. Incluso puede que mas tarde quieras ayudar a los nuevos pasajeros, como hago yo. Por ahora disfruta de tu trayecto, vuelve a tu asiento y siente la música mientras miras por la ventana.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sin lógica.






-Llueve a mares, y la niebla es tremendamente espesa.
-Siéntate, querida.

Miranda hace caso a su marido y vuelve a su asiento, la butaca mas cercana a la chimenea. A su derecha, su amigo Adelardo se muestra inquieto.
-Román, ¿Tienes alguna idea de a qué se debe ésto?

-Ni la mas remota. Pero ya conocéis todos a Dédalo, no es de actuar sin pensar... si nos ha llamado a los cuatro esta noche es por algo. -Responde el marido de Miranda.

-Pues espero que haya preparado suficientes habitaciones -Joel habla sin nisiquiera darse la vuelta, mientras ojea las fotos que hay sobre la chimenea.- Con éste tiempo va a ser totalmente imposible volver esta noche.

-Le aseguro que disponemos de habitaciones de sobra, caballero. -El mayordomo de Dédalo aparece por la puerta situada en la esquina menos iluminada de la habitación, como una presencia fantasmal, portando una bandeja con tazas y una gran tetera.- Por favor, siéntense todos, el señor aparecerá en breve.

Román y su esposa Miranda; Adelardo y Joel son sin duda los cuatro mejores amigos y personas de mayor confianza con las que cuenta Dédalo.
Los cuatro recibieron un burofax citándolos de manera urgente ésta noche.
Están nerviosos, no saben qué ocurre.

Dédalo es un hombre excéntrico, un genio recluido que apenas tiene contacto con el mundo fuera de las paredes de su mansión salvo con ellos cuatro, con los que si mantiene una relación y trato impecables. 

Apenas han dado un par de sorbos cuando el anfitrión por fín hace acto de presencia.

-Vaya, habéis venido todos. Qué bien. No podría ser de otro modo.

-¿Qué es lo que ocurre? Llevamos aquí mas de cuarenta minutos... -Joel se rasca la cabeza al hablar, tratando de fingir desinterés.

-Pues es muy sencillo... -Replica Dédalo con tranquilidad.- Tenía que contaros personalmente que he fallecido en extrañas circunstancias.-

Todos adoptan inmediatamente una mueca de confusión, salvo Miranda que, aún sugestionada por el escalofrío que le produjo ver el temporal del exterior, parece asustarse.

-Pues yo te veo bastante vivo... -Román rompe el silencio, sustituyéndolo por risas.

El rostro de Dédalo permanece impasible, desde que entró en la habitación ha mostrado una excesiva seriedad.

Sin mediar palabra, el dueño de la casa camina entre las butacas donde están sentados sus amigos hasta otra de las puertas de la parte en penumbra de la habitación, junto a la que hace un momento había atravesado el mayordomo para traer el té.

-Síganme si son tan amables- Les dice Claus (el mayordomo), que da media vuelta para seguir los pasos de Dédalo.

Dédalo sujeta el pomo de tal manera que el dispositivo pueda leer todas sus huellas dactilares. Tras un breve zumbido, la puerta se abre y todos entran.

Antes de que las lámparas de tubo se enciendan, con los primeros destellos previos a estabilizarse, algunos de los presentes ya han sido capaces de cavilar que es lo que hay ahí:
El cuerpo Dédalo, el mismo que está frente a ellos, yace en una camilla metálica, cubierto con una manta negra que tan solo deja ver el rostro, con los labios morados y las cuencas de los ojos ligeramente hundidas.

Adelardo frunció el ceño y casi gritó.
-¿Que clase de broma es esta?-

-No es ninguna broma. Me conocéis bien, sabéis de sobra que no bromearía.-

Joel examina el cuerpo en silencio.
Es el médico de Dédalo y conoce perfectamente las molduras y marcas de su piel.
-Pues os va a costar asimilarlo, pero es él... Es su cadáver.-

-P..pppe pero entonces... ¿Quién es él? -Titubea Miranda, señalando al Dédalo que se encuentra en pie. -¿Un fantasma?

-No digas bobadas...- Dice Román, rodeándola con el brazo sin apartar la mirada del cuerpo.-¿Qué es esto, Dédalo? ¿Has fabricado una réplica de tu cuerpo? ¿Donde has metido las cosas de valor que había aquí?

-¿Qué os acabo de decir? El original es éste, el de la camilla.- Insiste Joel.

-No lo creo, -Contesta Román.- Como encargado de seguridad se que para entrar a ésta habitación deben posarse sobre el pomo los cinco dedos de la mano derecha de Dédalo. Podría haber algún modo de aparentar tener sus huellas si no fuera porque, además de éstas, el pomo toma una pequeña muestra de ADN que analiza en segundos... Haría ya rato que habría sonado la alarma. -

Adelardo deja de prestar atención a Román y se gira hacia Dédalo (el que permanece en pie):
-Sácanos de dudas, pues...

-Me temo que tendremos que continuar con ésta conversación mañana. -Las palabras de Dédalo hacen que todos entrecierren los ojos.- Me voy a asegurar de que ninguno de ustedes abandone mi mansión ésta noche. Hay mucho de lo que hablar aún.-

Dédalo sale de la habitación ante la mirada atónita de todos, que no dan crédito a nada de lo que ven.

Apenas unos segundos después de que cerrara la puerta al salir, el mayordomo comienza a repartir unos sobres cerrados entre los presentes.

-En éste sobre encontrarán la ubicación de sus habitaciones para esta noche. El señor hizo hincapié en la necesidad de que sólo ustedes conozcan la ubicación de sus propias habitaciones, por lo que ruego tengan cuidado de no mostrarla al resto... excepto ustedes dos, que compartirán una.- Entrega la carta a la pareja, siendo Miranda quien toma rápidamente el sobre entre sus dedos.

-Sigo diciendo que es imposible que éste no sea Dédalo... Además no hay marcas de ningún tipo de agresión, ni signos de haber sufrido algún fallo respiratorio o circulatorio... Tendría que analizarlo un poco mas, pero...- Joel sigue con el cuerpo.

-Tendrá tiempo de hacerlo mañana.-El mayordomo le da la carta. -Ahora por favor váyanse a la cama.-


El fuerte vendaval azota las persianas de cada una de las habitaciones de la planta superior. Lejos de donde se dirigen Miranda y Román.

-Desconocía la existencia de ésta parte de la mansión... -reconoce Román.

-¿Pero no llevas tu toda la seguridad? -Se sorprende su mujer.

-Hay habitaciones específicas donde no se me permite entrar ni instalar nada. Dédalo tendrá sus razones, nunca le he preguntado... Aunque si, es bastante raro tener tan bien arreglado ésta malla de pasillos y habitaciones del sótano. Probablemente se tratara de algún tipo de refugio antiguo en un principio, por la ausencia de eco diría que está insonorizado y... ¿? ¿Qué te pasa?-

Miranda tiembla al oírle.
-Crees... ¿Crees que quiere matarnos? Nos ha mandado a una zona oculta de la mansión en plena noche, insonorizada, sin seguridad...

-Vamos, no seas tonta. Conocemos a Dédalo.

-Últimamente no es el mismo. Y el numerito del cuerpo...

-Llevas rara toda la noche. ¿Hay algo que no me hayas contado?

-Verás...




Las indicaciones de Adelardo le llevan hasta un ático en el ala este.
A medio camino entre la asimilación y la reflexión, piensa en la posibilidad de que todo ésto sea algo relacionado con Joel.
Dédalo es un hombre muy atento con las pocas personas que tiene cerca, y efectúa revisiones médicas a cada uno de sus empleados. Sin embargo, la última vez que Adelardo fue a su chequeo, no le atendió Joel como de costumbre, sino un tal “Dr. Biagio”. 
Aunque no ha dicho nada, le sorprendió ver a Joel junto a los demás. Creía que lo habían despedido.

En la habitación a oscuras, desde una enorme ventana cerrada (a través de un cristal de gran grosor) puede ver las siluetas de enormes animales en el jardín, podadas por sus propias manos.

El jardinero estaba orgulloso de su trabajo, y le preocupaba que el temporal causara algún daño a su belleza.

Repara en algo: Hay luz en el cobertizo del jardín. 
Casi ha pegado la frente en el cristal cuando un sobresalto le hace darse la vuelta. Alguien llama a la puerta.




Miranda continúa contando a Román la conversación que mantuvo con Dédalo.
-... Decía haber hecho grandes avances hacia la explicación de “como funciona la vida”, pero cuando le hablé del origen de la misma en el agua y la evolución me calló asegurando que no se refería a eso. A medida que hablaba sobre la supuesta razón de ser de las cosas, sus palabras me parecían cada vez menos cuerdas... hasta llegó a mascullar algo como “recoger el testigo de Dios”.

-No recuerdo haberle escuchado nunca ninguna referencia a nada religioso... Es extraño, si. En cualquier caso mañana lo sabremos.

Cuando casi han llegado a su habitación, al torcer la última esquina, se sobresaltan al ver a Joel inmóvil en el pasillo.
-¿Qué pensais? -Es lo único que les dice.

Aunque es una persona que suele hacer gala de un optimismo y alegría radiantes, el rostro de Joel está totalmente serio, incluso pálido.
-Nos ha separado. -Continua tras una pausa que, esperaba, hubieran roto sus interlocutores. -Pude ver los sobres antes de entrar a la sala de seguridad. A Adelardo lo han mandado a la habitación mas elevada de la mansión, muy lejos de aquí. Nosotros tres hemos sido colocados en el sótano.

-Si no conociera a Dédalo, diría que no quiere que estorbemos. -Dice Román, rascándose la barbilla.



Adelardo siente la necesidad de toser, pero toser no le reconforta. Aún no ha logrado adivinar quien es la persona que tiene delante, que entró en la habitación cuando abrió la puerta.
Todo da vueltas, está confuso. Se desploma sobre la alfombra, cuya textura acolchada da paso rápidamente a otra fría y metálica. Su cerebro parece haberse vuelto loco, interpretando de sus sentidos señales contradictorias.



-Entonces tenemos dos opciones. La primera sería confiar en Dédalo e irnos a dormir sin más...

-Dédalo está muerto. -Joel interrumpe a Román. -Estoy totalmente seguro de que el que se encontraba en la camilla era él.

-Y yo te vuelvo a repetir que el dispositivo de seguridad hace una comprobación de ADN. -Román pone los ojos en blanco al hablar.

-Eso se puede piratear.

-No, no se puede. Y de poderse yo habría recibido la alerta... No se, tal vez Dédalo, al entrar primero en la sala de seguridad, se desnudó rápidamente y se tumbó en la camilla, dejando que su doble comenzara a interpretar el papel.

-Y de paso murió, ¿No?... El hombre de la camilla estaba muerto, de eso tampoco cabe duda.

Miranda no hace mas que mirar una y otra vez a las dos direcciones de la esquina donde se encuentran hasta que se decide a hablar:
-Aquí no vamos a sacar nada en claro. ¿Sabes entonces a qué habitación han mandado a Adelardo? Si le han separado tanto es por algo...

-Si, supongo que quedarnos en nuestras habitaciones no es una buena opción. No sé que es lo que pretende Dédalo y, aunque confío en el, no puedo detener mi curiosidad. Seguidme. -Dijo el médico.

Joel marcha a paso decidido hacia el pasillo que acaba en la salida del enorme sótano. Román y Miranda le siguen en silencio.



Adelardo abre los ojos, y aunque aún se siente algo confuso, reconoce perfectamente donde está: El cobertizo del jardín, el mismo que observaba por la ventana. 
A su alrededor hay muchas máquinas que no entiende, máquinas que no parecen parte del equipo de jardinería.
Luchando contra el aturdimiento que aún sufre, logra bajar de la camilla metálica sobre la que ha despertado.

Alguien intenta abrir la puerta desde afuera, que está cerrada con llave.
Adelardo agarra una de las herramientas de jardinería que hay junto a la puerta y espera a que la puerta se abra.




-Román... -susurra Miranda mientras suben la escalera.- ¿Has pensado por un momento que Joel esté metido también en todo ésto y nos esté llevando a la boca del lobo?

-La puerta de la habitación está abierta -susurró con fuerza Joel. -Alguien está saliendo de la habitación de Adelardo.





Cuando el doctor Biagio atraviesa la puerta del cobertizo, el jardinero hace ademán de golpearle con el rastrillo, deteniéndose en el último instante. El sobresalto provoca que al doctor se le escurran de las manos los dos cafés calientes que porta, abrasándose el pecho con ellos en un ahogado alarido.

-¡Merda!... -Exclama. Cambiando su tono al ver a quien tiene delante- Bueno, al menos ha despertado bien.-El acento italiano del doctor es muy notorio.

Adelardo relaja los brazos, bajando la improvisada arma.
-Disculpe el susto, doctor... ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí? - Pregunta.

-Te encontré cuando fui al ático, desmayado. Io me hospedé allí anoche, y olvidé algo importante. Como estabas mal te traje qui y fui a buscarte un poco di caffè.

-¿Me está tomando el pelo? ¿Me está diciendo que cargó conmigo desde el ático hasta aquí? ¿Acaso no hay mas habitaciones?...

-Questo... Il signore Dédalo me dio indicazione de no entrar en habitaciones que no me hubiera comunicado previamente.... eh...

-¿Y me traes al cobertizo? Además, ¿Como has cargado conmigo por todo el jardín sin que me mojara lo mas mínimo? ¡Llueve a mares!

-Te cambié de ropa... por una... igual.. -Biagio empieza a sudar.

Adelardo, indignado, se dirige hacia la puerta, pero el doctor se pone en medio.
-Io creo que debería descansar un poco mas, vuelva a la camilla. Le haré un chequeo.



Joel, Miranda y Román están agazapados en la escalera, tratando de distinguir quien está saliendo del ático.
-Es Claus, el mayordomo. -dice Miranda por lo bajo.- Está arrastrando algo...

Horrorizados, los tres pueden observar como el mayordomo sale de la habitación, arrastrando el cuerpo sin vida de Adelardo.
Román termina de subir los escalones de dos zancadas y placa al mayordomo, sujetándolo contra la pared.
-¡¿Qué coño pasa aquí?! ¡¡Queremos respuestas ya!!.- Es obvia la formación como cuerpo de seguridad que tiene.

-¡Roman! -Miranda también sube los escalones y se pone detrás de su marido. -Cuidado, ¡Lo vas a matar!

Joel, agachado junto al cadáver de Adelardo, simplemente les mira y asiente, dando a entender que está muerto.

Román agarra con mas fuerza la ropa del mayordomo, reparando en algo entre sus yemas.
-Tiene un micrófono en la camisa.

De repente, el mayordomo deja de forcejear. Román le retira la presión y, anonadado, ve como se desploma en el suelo.
-No... no le he hecho nada que...

Joel se acerca y comprueba que tampoco respira, y carece de pulso.
-Ha muerto fulminado...

-Joder, joder... ¿Qué hacemos? -Grita Miranda, agarrándose el pelo.

-Hay que llamar a la policía. -Contesta Román.

-Los teléfonos no funcionan porque tanto la linea como la cobertura están... espera. Tengo una radio en mi coche, tiene linea con las ambulancias de la ciudad. Tal vez nos sirva. -Algo del optimismo habitual de Joel se pudo atisbar en sus palabras.

-Vamos los tres. No creo que sea buena idea separarnos a estas alturas... -Asegura Román.






Adelardo forcejea con el Dr. Biagio, agarrados al rastrillo de jardinería.
Girando la muñeca derecha y cediendo la presión de la izquierda, el jardinero logra que el rastrillo gire de manera circular. Una de las varillas de éste se clava profundamente en el ojo del italiano, que cae al suelo sangrando abundantemente.

Mientras trata de encajar la llave sin dejar mirarlo, Adelardo ve como el médico susurra algo mientras se revuelve de dolor, quedándose de repente inmóvil, muerto.
“No puede haberse desangrado tan rápido”, piensa el jardinero, cuando la llave hace el click que indica ser la correcta.

Adelardo sale de allí disparado, atraviesa todo el jardín para llegar al aparcamiento junto al ala oeste, donde todos dejaron sus coches al llegar.
No piensa permanecer más tiempo en la mansión, aunque ello signifique jugarse la vida en los sinuosos carriles bajo la tempestad.

-Ese no es.....¿? -Miranda abre los ojos tanto que parece que se le vayan a salir.

Delante de ella, Adelardo se acerca a su coche.
-Me alegro de veros... Escuchadme: tenemos que largarnos de aquí, han intentado matarme y... -
Joel se le acerca y le toca la cara, con incredulidad.

-¿Qué pasa? Parece que hayas visto un fantasma. -le reprocha el jardinero.

Una voz se alza firme sobre el sonido de la lluvia:
-¿Cuando perdisteis la confianza en mi de éste modo? -Dédalo sale por la pequeña puerta que da a una de las cocinas del ala oeste, junto al aparcamiento.
Portando un paraguas negro y acompañado por su mayordomo, camina hasta colocarse cerca de sus amigos.

Román señala al mayordomo con los ojos tan abiertos como Miranda.
-No puede ser... -susurra.

-Supongo que no podremos esperar a mañana. Por favor, seguidme y veréis todas vuestras preguntas respondidas. -Dédalo habla con total tranquilidad.

Aún con desconfianza y apiñados, sus cuatro amigos le siguen hasta el interior.
Donde debería haber un comedor hay un enorme laboratorio cargado de tanques con fluidos y extrañas máquinas.

-Tal y como le comenté levemente a Miranda hace tiempo, estoy trabajando en algo relacionado con los impulsos de la vida y el modo en que ésta funciona. Desde siempre me ha intrigado aquello a lo que llamamos “alma”: ¿Qué es? ¿Un simple impulso eléctrico del cerebro? ¿Una conciencia formada por la totalidad de nuestro conjunto orgánico? ¿Un cuerpo etéreo? No he encontrado la respuesta, pero aunque os cueste creerlo, si que he encontrado el modo de “aislarla”.

Cada cuerpo humano o animal posee unas características distintas. No hablo de cosas como las huellas dactilares o incluso el ADN. Hablo de pequeñas, pequeñisimas diferencias a todos ojos imperceptibles. No voy a aburriros con una explicación más compleja, aunque si os diré que la mayor parte de este “código de diferencias” se encuentra en el cerebro. Por eso pedí la ayuda del Dr. Biagio.-

El doctor biagio aparece desde detrás de las máquinas, vivo y con su ojo en perfecto estado.

-Veo que alguno de vosotros ya ha hablado con él esta noche  -Dice Dédalo al ver el rostro de sorpresa de Adelardo. -La experiencia en neurocirugía del doctor y lo aprendido de anteriores proyectos personales como el acelerador de crecimiento celular o la modificación de ADN mediante el material genético de las babosas adán del fondo marino han sido clave para llegar a éste punto.

El mundo, la existencia o la realidad (como queráis llamarlo) solo “soporta” un ser que tenga dicho código de diferencia. 
¿Qué quiere decir eso? Pues que si creamos otro ser con exactamente el mismo código (un clon perfecto, cuyas diferencias no alteren dicho código), el alma solo puede permanecer en uno de ellos. Curiosamente (aún no se como lo hace) ésta opta por alojarse en la mejor opción, la mas sana y con mayor esperanza de vida. Os lo demostraré.-

El Dr. Biagio descubre una sábana que tapaba una persona en una camilla: Dédalo.
Un clon del propio Dédalo descansa vestido sobre la camilla. El italiano le coloca unos electrodos y se prepara para bajar una palanca cuando se lo indiquen.

Dédalo saca un bisturí y, tras colocarse un envoltorio de plástico para no manchar el suelo, se hace un profundo corte en el brazo, metiéndolo luego en la bolsa.

-¿Estás loco? -Grita Joel.

-Tranquilo. -Le contesta Dédalo con una sonrisa, mientras le hace un gesto con la mano al doctor.

El italiano baja la palanca y en menos de un segundo el cuerpo de Dédalo que permanecía en pie desangrándose cae al suelo.

Ante un clamo de incredulidad de los cuatro amigos, el Dédalo de la camilla se levanta y sigue con su explicación.

-Las implicaciones de esto son demasiado grandes. No solo nos acercaría a la inmortalidad, sino que podría usarse incluso para desplazar nuestra consciencia de un lugar a otro. La velocidad a la que el “alma” viaja es instantánea. -Dédalo señala a Adelardo.- Pasaste del ático a el cobertizo instantáneamente. Y bueno, el aturdimiento es algo normal las primeras veces.


-Yo jamás me prestaría a un experimento así... ¿Como has podido planear hacérnoslo sin consultarnos? -Miranda estaba tan indignada como sorprendida.

-Ese es el problema...-Responde Dédalo.- Que en realidad ya lo habéis hecho.-

El mayordomo deja al descubierto las tres camillas restantes, que tienen sobre ellas los cuerpos de Miranda, Román y Joel.

Joel da un paso hacia atrás, sorprendido al verse a si mismo muerto.
-¿Cuando has hecho ésto? ¿Cuando fue la primera vez?

-Fuisteis los primeros. Por voluntad propia. Pero hubo un problema con el que no contamos y no pudimos ver hasta que fue demasiado tarde: el problema de la memoria.
Como en un primer momento no considerábamos siquiera la posibilidad de que la memoria se transfiriera junto con el alma, procuramos que la copia contara con la impronta de los recuerdos de esa persona hasta el momento de la transferencia. 
El problema es que vuestros cuerpos recordaban todo lo anterior al momento antes de empezar el proyecto y, por un fallo de cálculo, toda la nueva memoria que creábais se desvanecía al entrar el cerebro en fase REM.

-En otras palabras -dice Joel.- Al dormir por primera vez tras el experimento perdimos toda la memoria sobre el mismo...

-Así es.-Dédalo se dirige a Román .-Olvidasteis incluso que vuestro interés en todo ésto empezó en parte como un medio de salvar la vida de Miranda, que pendía de un hilo tras el accidente de coche que tuvisteis... Aunque bueno, eso es totalmente irrelevante ya.

-¿Y por qué no nos has dicho todo ésto desde el primer momento? -Clama Joel.

-No hubiera servido de nada. Lo habríais olvidado todo al iros a dormir. Si me hubierais hecho caso, mañana por la mañana os habríamos transferido las almas a nuevos cuerpos sin el problema de la memoria, y podría volver a explicaros todo sin que lo olvidarais.

-¿Y yo? -protesta Adelardo- ¿Por qué me lo habéis hecho ésta noche?

-La idea era hatseroslo questa notte a todos. Mientras dormíais. 
Io vi desde el cobertizzo la luz de la tua habitatzione apagada durante casi una hora, por eso lo initzié. Se suponía que estabas dormitto así que fui a por café para mi y para il signiore Dédalo, pero...-El italiano trata de explicarse.

-El señor Biagio debió esperarse a que yo comprobara si usted seguía dormido, tal y como habíamos acordado -Habla el mayordomo.

-No tiene sentido que sigamos conversando. El único que lo recordará mañana será Adelardo. Por favor vayan a sus habitaciones. Durante la noche el doctor Biagio y yo terminaremos de preparar sus nuevos cuerpos, y mañana despertarán sin ese terrible inconveniente en su memoria.-



La irrefutable demostración que acaban de presenciar es suficiente motivo para que todos se dejen acompañar por el mayordomo a sus habitaciones, convencidos de que fuera como fuese, a la mañana siguiente todo se habría solucionado.

Un par de minutos después de que el último cerrara la puerta, Claus se dirige a Dédalo.
-¿Seguro que quiere dejar las cosas así? ¿Quiere que crean eso?

-Si, Mañana será mejor, mas interesante. -Dice Dédalo.

sábado, 17 de marzo de 2012

Heroes - 2º Parte

NOTA: Ésta es la segunda parte del relato "Heroes", que puedes encontrar en éste enlace: http://bnper.blogspot.com.es/2012/03/heroes-1-parte.html


Las cosas han cambiado, y mucho. En las semanas posteriores al “Bloody Stave's Day” o día del pentagrama sangriento (así llamaron a la hazaña de Angel Javier) se estudió hasta que punto los cristálidos eran vulnerables a la música.

Tras numerosos experimentos en crisálidas ya abiertas a lo largo de todo el sur del continente americano, se determinó que los cristálidos no reaccionaban ante las grabaciones, es decir, para poder dañarles la música ha de ser en directo. No importa el género o instrumento usado, aunque si que se requiere un mínimo nivel de complejidad, siendo mas fuerte el daño cuanto mayor es la habilidad o pasión del músico.

También se llegó a la conclusión de que no son los cristálidos en si los que son dañados por el sonido musical, sino los cristales de los que se compone en su totalidad su “tecnología” (término que se usa al no existir otro modo de definir ésa extraña materia).

Una vez la UHM (la Milicia Universal Humana, creada a partir del 13 de Abril) pudo expermientar lo suficiente como para exponer todas estas condiciones, no tardó (como ya sabrá) en hacerse eco voluntario de ellas en todos los medios de comunicación a lo largo del globo.

En solo unos días han aparecido montones de grupos organizados de músicos profesionales o amateurs que se dedican a defender los núcleos urbanos mas pequeños de sus crisálidas. En numerosos paises, además, se ha asentado rápidamente la costumbre entre los ciudadanos y pueblerinos de, cada día a una determinada hora, reunirse en masa bajo la crisálida de dicha comunidad a interpretar las piezas que buenamente pueden, esperando que ésto sea una barrera que impida que los ataques comiencen. Es maravilloso el modo en el que la gente se está uniendo.

El descubrimiento del joven español permitió que ésto pasara de ser un exterminio a una guerra, pero aun así, es una guerra que los civiles solos no podemos ganar. El ejército necesita la colaboración de los mas consagrados músicos que, sin poder rechazar una causa tan justa como la supervivencia de nuestra especie, hemos pasado a formar tropas de élite dedicada a destrozar las mayores crisálidas desde dentro.

Soy John Petrucci, guitarrista de Dream Theater, uno de los primeros grupos en anexionarse a la UHM, seguidos de Kiss, Megadeth, Avenged Sevenfold, Red Hot Chili Peppers, Paramore y muchos mas.

El equipo del que hemos sido dotados es tremendamente sotisficado. Todos llevamos una fina pero dura coraza adaptada a nuestro cuerpo, que cuenta incluso con una columna artificial conectada al traje, que hace las veces de un exoesqueleto externo aumentando nuestra movilidad, fuerza y resistencia.

En cuanto a nuestros instrumentos, han modificado nuestros modelos favoritos añadiéndoles mucha mas resistencia, e incorporándoles armas blancas (como por ejemplo, cuchillas en el extremo de los mástiles de las guitarras o bordeando la parte exterior de la base, para poder usarla como un hacha). Los vocalistas y coristas contamos también con un sofisticado equipo de nivelación de voz e impacto de la garganta, permitiendo que, a pesar de los sobresaltos o incluso de resultar heridos, podamos seguir entonando sin dificultad. Todo perfectamente unido al traje con un sistema de pequeñas poleas que permite que sea cómodo tocar a pesar de estar realizando esfuerzo o movimiento físico.

Todos hemos tenido que practicar para dominar los nuevos chismes, aunque los que seguro lo han pasado peor son los baterías, porque su equipo es muy distinto del convencional (lógicamente). Se basa en elementos facilmente desplegables que, a pesar de su distinta forma y tamaño, emiten casi a la perfección los mismos sonidos que cada tipo de batería.

Para acercarnos a esas cosas, además, no se pueden usar vehículos convencionales. Por alguna razón, los cristales de los que están hechos ejercen algun tipo de “presión rara” en el aire que impide que las helices de los helicópteros giren correctamente, su forma evita en la mayoría de ocasiones el poder aterrizar en paracaidas sobre ellas y, como comprenderá, no es muy comodo saltar de un kazaa en marcha.
Por eso se diseñaron los “Air concerts”, que son la puta leche... perdón... Son como pequeños escenarios equipados con una gran cantidad de diminutos reactores en su base, funcionando del mismo modo que lo haría un Jetpack. Nos gusta decorarlo con banderas o simbología propia de nuestra música, al igual que hacemos con el equipo.
Los “Air Concerts” nos acercan lo máximo posible a las crisálidas, aunque casi siempre hay que hacer dar un pequeño salto.

Ya hemos echado abajo 4 de ellas y ninguna es igual. Un par de ellas tenían entradas en la parte superior, otra en uno de los laterales y por la cuarta tuvimos que entrar desde abajo. Fue una putada esa última, Jordan se quedó con las piernas colgando, casi se mata.

¿Que como son por dentro? Oscuras. Son un tortuoso laberinto de túneles que separan enormes salas abiertas, como cuevas, igual. Es por eso que nuestros cascos están equipados con visión nocturna, aunque a decir verdad no la solemos necesitar. En el momento en el que empezamos a tocar, los cristales de los que están hechos las paredes se iluminan como si ardieran, en unos estallidos de colores de la hostia.

Por los túneles no podemos ir muchos a la vez, por lo que, aparte de los miembros del grupo, apenas pueden acompañarnos soldados. Generalmente permanecemos todos unidos, pero por si ocurriera cualquier problema estamos interconectados en una frecuencia de radio, tanto entre nosotros como con las bases exteriores.

Es precisamente eso de ir unidos lo que nos hace mas fuertes. Las primeras crisálidas que atacamos fueron un juego de niños, todos los bichos estaban como dormidos, solo teníamos que entrar, tocar un conciertazo que se cargara sus capsulitas de sueño y destrozarles el cráneo uno a uno, pero las posteriores fueron cambiando, estaban algo mas preparados y trataban de llevar a cabo una ofensiva, aunque apenas llegaron a causar mas de unas pocas heridas. Nuestras tácticas son superiores y la música los desarma por completo. Las balas hacen el resto.

Supongo que es nuestro rango de éxito el que ha hecho que Dream Theater sea una de las tres tropas elegidas junto a Avenged Sevenfold y Red Hot Chili Peppers para ir a por “ la gorda”.
Así es como la llamamos, la crisálida mas grande, Nueva York (o al menos una de las mas grandes).

Aunque bueno, aún queda para eso, de momento tenemos otra que derribar aquí, en Cleveland (Nos asignaron la de Detroit, pero Kiss insistieron en encargarse ellos).

¿Le vale con ésto, señorita? ¿Un autografo? Claro, aquí tiene. Hacía tiempo que no hablaba tanto ante la grabadora de una periodista, de hecho, creo que nunca lo había hecho (tiene suerte de ser tan atractiva). Y ahora, si me disculpa, tengo que patear algunos culos de cristal.

martes, 13 de marzo de 2012

Mi mundo y lo que quiero



La luna me ilumina el rostro. Mis manos están calentitas, en mis bolsillos. Hace una brisa agradable y la temperatura es perfecta. En mis orejas, en mis auriculares, suena por segunda vez en la noche “Another day in paradise”, de Phill Collins.

Prácticamente en un segundo plano, mi mente repasa uno a uno todos esos momentos de mi vida en los que me equivoqué, en los que acerté plenamente, en los que no supe decidirme. Todas esas oportunidades que tuve y dejé pasar, todas aquellas que aproveché y contribuyeron a llevarme donde estoy ahora. Todos esos sentimientos que decidí no seguir, las caricias que perdí, así como las que obtuve, aunque acabaran resultando dolorosas.

Mi vida pasa ante mi como una fórmula matemática de infinitos pasos, que forma un colorido río que no se detiene, mientras decido si rescatar o no cada uno de esos recuerdos para disfrutar o meditar con ellos, como el que se refresca la cara a la orilla de dicho río, salpicándose con las manos. Es mucho mas agradable que soñar. Los sueños me hacen revivir sentimientos o momentos olvidados que, al margen de que sean agradables o no, desestabilizan mi orden. Son afluentes, en ocasiones, bastante molestos.

Soy feliz, y eso no lo dudo un instante, al menos en éste momento. Quién me lo iba a decir. No estoy seguro sobre cual de esas gotas del río han contribuido realmente y cuales no, pero el resultado es éste.

Mi mente ha dejado de prestarle atención a ese río de emociones y recuerdos, ahora se mira a si misma. Razona. Imagina. Describe.

Es curioso como vivimos en un mundo plenamente físico y, sin embargo, las preguntas que nos formulamos son metafísicas casi en su totalidad. Puedo coger (y de hecho lo hago) una piedra lisa y lanzarla al agua para que de saltos sobre ella, pero el saber por qué hace eso no es lo que me preocupa ni me interesa, son las reflexiones que instintivamente me provocan sus ondulaciones en el agua, o la simbología que tiene para mi el haber tirado esa piedra las que hacen trabajar a mi mente.
¿Soy libre? ¿Existe Dios? ¿Soy feliz? ¿Qué siento? ¿Qué sienten los demás? Son las auténticas preguntas de las que depende nuestra felicidad, mucho mas allá de cuestiones físicas o matemáticas.

Aún recuerdo aquella conversación que tuve con un buen amigo hace tiempo “Elegimos nuestro mundo”, me dijo.
Hay mil maneras de rebatir algo así pero la primera y quizá mas obvia es, que si pudiera elegir mi mundo, no cometería errores en él y no habría arrepentimiento ni ocurriría nada nunca que pudiera dañarme.
Pensándolo ligeramente es muy simple y lógico, pero si profundizas quizá no lo sea tanto.

Si aceptamos la premisa de que yo hubiera elegido mi propio mundo, esto querría decir que existe un Yo mas allá del que soy dentro de él, puesto que no tengo consciencia de que así lo haya hecho.
Ahora bien, si hay un Yo por encima del que soy ahora, existe la posibilidad de que lo que hace feliz a mi yo de éste mundo, pueda ser distinto a lo que haría feliz al Yo que lo eligió.
Tal vez la experiencia de vivir y ver a mi alrededor tanto lo que considero benigno como lo que considero maligno es un todo necesario para alcanzar la auténtica felicidad de mi auténtico Yo, es decir, aquel que eligió vivir en éste mundo y con éstas experiencias.

El concepto de Dios cambiaría siendo así. Si cada uno tenemos nuestro mundo (aunque lo compartamos) y elegimos nuestra vida previamente, seríamos nuestro propio Dios, pues habríamos elegido de antemano el resultado de toda experiencia o situación vivida.
Así, toda prueba o mal trago a superar que tengamos no deberían tomarse jamás como un castigo, sino como obstáculos a superar colocados de antemano, como el corredor que ordena y coloca las vallas sobre la pista antes de entrenar.

Un plan divino”, o unas directrices de impacto de nuestro mundo sobre nosotros, que ayudan a dibujar nuestra felicidad del modo que autopactamos en su momento. Trazos sobre un lienzo destinados a crear una bella obra. A veces disfrutamos con ellos y otras veces sufrimos por su dificultad.

Resulta bello imaginar así el sentido de la vida, aunque no tenga la mas mínima intención de darlo como cierto.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Heroes - 1º Parte



Suena la alarma. A las 9:30, como siempre. No es ni muy temprano ni demasiado tarde, la hora perfecta para empezar el día. Tengo el tiempo justo para bajar y forzar a mi madre a comer algo antes de irme al centro comercial.
En la cocina solo hay conservas y pan duro. Por suerte la tostadora la puedo seguir usando, la electricidad es la única cosa que aún no nos han cortado. Y menos mal, porque la televisión es lo único capaz de controlar los brotes de histeria de mi madre. Se pasa el día ahí, en el sofá, viendo el canal de noticias 24 horas (que permanece inactivo la mayor parte del tiempo), totalmente obsesionada con el fin del mundo. Estaría muerta (o, al menos, aún mas desnutrida) si no consiguiera hacer que comiera algo cada día.

Las cosas van de mal en peor desde el “DoorDay”. Mi padre se vió obligado a unirse al ejército, como casi la totalidad de varones entre los 25 y los 50. La mayoría a consecuencia de la cantidad de impuestos y leyes ridículas que se gestaron éste año como excusa, pero otros (y no son pocos) por el sentimiento “patriótico” que ha despertado toda esta mierda en aquel lo suficientemente fuerte como para no perder la cordura.

¿Que qué es el “DoorDay”? Nisiquiera lo termino de entender. El pasado 21 de diciembre, en no se qué pais del este, los científicos experimentaban con algo. Ese algo creó una brecha que llevaba a otro mundo, otro lugar pero en el mismo sitio... como otra dimensión. Al parecer, ésto molestó muchisimo a unas criaturas que habitaban allí. Los que ahora llamamos cristálidos.
En unos días toda la zona donde se llevaba a cabo aquello fue acordonada por el ejército, pero no servía de mucho.

Bueno, solo ha tragado media tostada... éste mediodía volveré a probar suerte.
Las 10:15. Hora de irme.
La guitarra está colgada donde siempre, en su funda. Antes de cargarmela a la espalda, saco de uno de los bolsillos de la misma el pequeño amplificador portatil y lo amarro a mi cinturón, conectándolo antes a mi viejo mp3.

Las calles están casi vacías, como todos los días.
Ya es tradición el quedarme mirando la crisálida del cielo, al pasar el cruce del McDonalds. Aún con lo que supone, encuentro hermosa su mezcla de colores y el brillo que le da el sol.

Las crisálidas son como naves nodrizas de los cristálidos. Toda su “tecnología” (no se si se puede llamar así) está formada por cristales de colores. No tienen una forma concreta, ni expelen ningún tipo de humo, o calor. Es como si no usaran motores, como si no pertenecieran a éste mundo (que, de hecho, no pertenecen).
Hay una crisálida parada en el espacio aéreo de cada uno de los núcleos urbanos medianamente grandes. Aunque las autoridades y las noticias tratan de negarlo para calmar la histeria, es un secreto a voces que, tarde o temprano, de éstas empezarán a bajar tropas que aniquilarán cada uno de esos núcleos urbanos. Es como una macabra ruleta rusa, nunca sabes cual de las crisálidas que hay a lo largo del planeta se abrirá, ni cuando.

Desde luego no estoy tan obsesionado como mi madre con cuando se abrirá ésta, pero de vez en cuando procuro informarme algo en los cibercafés de como van las cosas en el resto del planeta. Para saber qué ciudades han caido y cuales no, hay numerosas páginas en internet que intercambian información... cuando una crisálida se abre, la ciudad es arrasada muy rápido, de modo que sabemos que los cristálidos han destruido dicha ciudad cuando dejamos de tener noticias de usuarios de allí o cuando las ciudades próximas contemplan como el ejército la acordona.

Bueno, he llegado. La puerta de La Cañada.
Saco la guitarra y la conecto al amplificador, dejando la funda abierta en el suelo.
Cada vez pasa menos gente, pero espero conseguir suficientes monedas para comprar algo mas de comida.

Hay personas que creen que lo que está ocurriendo es una invención de los medios, que las crisálidas no son mas que algún tipo de publicidad viral que tarde o temprano se destapará e intentará venderles algo, otra gente cree que se está librando una igualada guerra entre humanos y cristálidos (la mayoría de los que se alistaron por voluntad propia) y hay otra, algo mas realista, que es consciente de que estamos siendo aniquilados.
La poca información que hay se distribuye, como digo, a través de internet. Pero es suficiente para saber, por ejemplo, que nuestras armas no les hacen el menor daño. Los cristales de los que está hecha su tecnología no se deforman ni destruyen con ninguna explosión, por grande que sea su magnitud.
Incluso aún recuerdo una de las primeras retransmisiones, antes de que llevaran un control y manipulación mas exaustivo, en la que mostraron una primera ofensiva militar con nulo resultado.

Muy pocos medios continuan haciendo eco de la situación real y, la verdad, puedo entenderlo. Es mucho mas satisfactorio morir en el mas absoluto desconocimiento y tranquilidad a vivir un apocalipsis caótico y lleno de desesperación.

El aspecto del centro comercial es desolador. Hace tan solo un año, un sábado como éste significaba ver el parking totalmente lleno de coches, con multitud de familias realizando sus compras, todo lleno de vida. Ahora solo hay un puñado de automóviles aparcados y otros tantos abandonados, cubiertos por el polvo.

Un ensordecedor sonido, como un crujido gigante tras un impacto, surca todo el cielo del centro comercial. Todo el mundo se para en seco, soltando sus bolsas de la compra. Todos sabemos donde mirar: La crisálida parece haberse abierto.
La gente comienza correr hacia sus vehículos, totalmente aterrada.
Yo me quedo inmovil, viendo como la crisálida comienza a escupir cristales en varias direcciones. Paro de tocar.

Uno de esos cristales cae cerca, a unos 100 metros de mi. Puedo ver como se mueve y retuerce, como un cubo de rubik, hasta adoptar una forma antropomórfica.
De sus extramidades se proyectan finas cuerdas de luz que queman hasta hacer desaparecer todo cuanto tocan, un efecto parecido a cuando jugaba con la lupa al sol, de pequeño.

En cuestión de segundos, el parking se convierte en un infierno incandescente. Sigo sin moverme, mirando fijamente como aquella cosa destruye los vehículos y la estructura, asesinando a la gente que trata de huir. Por un momento, me acuerdo de los músicos en la película de titanic y logro moverme, aunque no para huir. Mi cuerpo quiere que siga allí de pie, pero no quieto, quiero tocar.

Le vuelvo a dar al play de mi mp3 y comienza a sonar Everlong, de los Foo Fighters.
Aquella cosa se acerca a mi, está tan cerca que puedo ver lo que hay dentro de esa armadura de cristal. Un ser de 4 extremidades y un solo ojo, con ciertos rasgos que recuerdan a un reptil.

Agarro mi pua y comienzo a tocar sobre la música.
El cristálido me mira y alarga el brazo, apuntándome.
Pero no dispara, no puede disparar. El cristal de la extremidad comienza a quebrarse.
Rápidamente lo comprendo y me acerco a él: es la música, es el sonido de como toco, la vibración de las cuerdas de mi guitarra, un conjunto de todo ello.

La armadura del cristálido se va haciendo añicos poco a poco, hasta que el ser cae al suelo, desnudo, mirándome y tratando de chillar algo que seguramente está por encima de mi frecuencia, porque no soy capaz de oirlo.
El sonido de mi guitarra le paraliza, y le hace mover la cabeza dejando ver finas grietas en su cráneo.

La gente que trata de huir del interior del centro comercial se frena en seco, parándose alrededor de los pedazos de cristal, viendo como aquel ser se retorcía de dolor con mi música.

Cuando la canción termina, cojo mi guitarra por el mastil y golpeo con fuerza la cabeza del cristálido, empapando en sangre a todos los presentes. Aquella cosa estaba muerta.

Sonreí eufórico y levanté la guitarra, totalmente cubierta de sangre, en señal de victoria mientras todos los presentes llenaban mi funda de monedas. Parece que si que volvería a casa con comida...

Mi nombre es Angel Javier y, a 19 de Mayo de 2.013, he descubierto como acabar con éstos hijos de puta.


miércoles, 25 de enero de 2012

el fin.




12:57 – 21/11/2012      [Central de inteligencia del reino de España – Embajada en Portugal]

-No es ninguna broma. -El interlocutor se ponía cada vez mas nervioso, al otro lado del teléfono.
-Como comprenderá, no puedo tomarmelo de otro modo dada la naturaleza de la llamada... Trate al menos de describirlo algo mejor que “bola de carne”.
-Mas facil aún, sintonice alguna de las cadenas españolas...-

El embajador hizo caso y sintonizó la cadena Cuatro. El mando a distancia se le escurrió de la mano, por la impresión.

Un helicóptero filmaba el centro de la ciudad de Granada, o lo que quedaba de ella.
Algo indescriptible, una masa de carne, sangre cuajada y enormes extremidades humanas iba acabando con todo, reduciendo los edificios a polvo con rapidez, mientras interpretaba un canto estridente lleno de chillidos y, según las pocas palabras del equipo informativo que filmaba, despedía un hedor insoportable.

-Señor Favela, ¿Sigue ahí?- le reclamaban de nuevo, al teléfono.
-Si...... sigo.
-Aumenta de tamaño, cada vez mas rápido... según los cálculos que hemos podido hacer con lo poco que disponemos, en tan solo 5 días podría alcanzar el tamaño necesario para arrasar toda Europa.
-...¡Dios Santo! -Clamó el embajador, al ver como una de las extremidades de aquella cosa agarraba el helicóptero de los informativos y lo estrellaba contra un edificio.- ¿De donde proviene ésto?
-No lo sabemos. Nada tiene sentido. Pero comunique lo poco que sabemos al gobierno portugués, con urgencia.



08:10 – 21/11/2012      [Nº 34 C/Barcaza Azul, Málaga]

Raul abrió los ojos. Se giró, aún en la cama, y miró hacia la mesita de noche, concretamente al despertador.

Las 8 de la mañana. ¿Había sonado? ¿Era temprano? ¿Era tarde? ¿Importaba eso?

Las clases empezarían pronto. Se puso en pie y anduvo aun medio dormido hasta el cuarto de baño.

Se frotó los ojos con las palmas de las manos y se miró al espejo. ¿Nada había cambiado?, Todo había cambiado. No era el mismo, y se había dado cuenta.

¿La única razón por la que el mundo seguía siendo como era? Porque nunca se había planteado la posibilidad de que él, un joven de 19 años, una sola e insignificante persona, pudiera cambiarlo.

Pero se equivocaba, claro que podía, siempre había podido, siempre había sido posible. En todo este tiempo lo único que había necesitado era planteárselo.

Sus ojos cambiaron. Un brillo. Una llama. Un fuero que cambió su percepción. No solo su percepción, también su condición humana.

De su iris comenzó a brotar una tinta negra, fuerte, mas oscura de lo que el concepto permite, de lo que la imaginación del lector alcanza a entender. Cubría todo el ojo.

Se encorbó hasta notar como los huesos de su columna daban de si. Los omoplatos comenzaron a hincharse, produciendo ruiodosos crujidos.

La carne de su espalda aumentaba de tamaño, estirando y desgarrándole la piel. De esos desgarros brotaban lo que parecían enormes brazos de carne... Brazos que también aumentaban de tamaño a una velocidad desorbitada. En cuestión de segundos ya no cabía en el baño, ya no cabía en su casa. No había pared ni ladrillo capaz de retenerlo.

Cuando la casa se vino abajo, haciéndose añicos, Raul caminó hacia la calle como si no ocurriera nada, aún con ese torpe zigzageo de estar medio dormido, mientras cargaba sobre su espalda aquella enorme aberración.



04:51 – 22/11/2012      [Pre-pirineos, base militar provisional]

-Faltan tan solo un par de horas, Morb llegará aquí pronto. Será mejor que terminemos la entrevista.
-Por.. por supuesto. -Titubeó el periodista, que hacía rato que había dejado de comportarse de un modo profesional.
-Ésta situación es mucho mas que una alerta roja, mucho mas que cualquier crisis que nunca se haya visto. España y Portugal han desaparecido. Como ya se sabe por todo el globo, a pesar de ser alto secreto, se ha decidido que los ejercitos de Francia, Italia y Reino Unido unan fuerzas para evitar que Morb salga de la península Ibérica.
-¿Tan solo se desplaza por tierra?
-Eso creemos, de momento no ha hecho ningun movimiento que intuya una capacidad de movimiento marítima. Aunque es pronto....-

Un estruendo, seguido de un seismo señala lo que tanto temían.

-¡¿Qué?! ¡¿Está aquí?! -El general británico abandonó a toda prisa la tienda mientras el periodista, que se había defecado encima, agarró de un manotazo todo el material de la entrevista que pudo, pensando en marcharse de allí en su vehículo lo antes posible.

Pronto empezaría la batalla.

El primer ataque, cuando Morb/Raul estaba aún a cierta distancia, fue de cargas explosivas colocadas estratégicamente.

Una nube de polvo cubrió la visibilidad de los soldados, aunque pudieron ver el destello carmesí de la sangre que brotaba de la criatura. Sin embargo, y como ya había ocurrido en otras ocasiones, esa sangre coagulaba rápidamente, tornandose carne, de la que de nuevo brotaban extremidades.

-¡Señor, no sirve de nada!
-Sigamos según lo previsto.-


Una segunda carga, ésta vez de deflagraciones controladas, provocaron una nube de llamaradas.
Los chillidos se volvieron mas agudos y la carne de Morb, quemada, comenzó a cuartearse.

La parte quemada se desprendía como una costra mientras brotaba mas carne, en forma de pliegues.

-Tampoco parece funcionar...-  Masculló el general entre dientes. Se acercó el walkie a la boca y dijo un código en voz baja.

Un total de 15 helicópteros se acercaron lo máximo posible al monstruo, sin llegar a su rango de ataque.

Una vez adoptaron la posición necesaria, lanzaron sus cargas: Nitrógeno líquido.

Algunas partes de Morb se retorcieron de dolor mientras su carne se cristalizaba poco a poco, congelándose. Los chillidos se hicieron aún mas agudos. Los tímpanos de los pilotos reventaron, estallandoles chorros de sangre por los oídos.

Mientras los helicópteros trataban de no perder su estabilidad para poder retirarse, uno de los bultos del monstruo comenzó a vibrar, cada vez con mayor intensidad, hasta que estalló en pedazos de carne cristalizada. Una enorme cabeza desnuda con un largo cuello emergió de la herida, estirándose hasta la altura de los helicópteros.

Fue uno por uno, entablando contacto visual con los pilotos, sonriéndoles de forma macabra.

Cuando terminó, hizo un gesto muy característico, como si fuera a vomitar, y empezó a emitir llamas de alta temperatura.

En cuestión de segundos, Morb se deshizo de las zonas congeladas de su cuerpo.

-¡Salid de ahí! -Les comunicaron a los helicópteros, pero ya ningún piloto podía oir nada.

El ritmo al que el monstruo retomó su crecimiento se multiplicó. Arrasó los helicópteros sin el menor esfuerzo. Llegaría al campamento antes de lo que esperaban.

Poco pudo hacer la metralla pesada, los morteros y los obuses, que tan solo conseguían producir heridas de las que brotaba aún mas carne.

El lugar sería arrasado en cuestión de minutos.



09:27 – 21/11/2012      [Zona comercial en la zona este de Málaga]

Marta camina decidida, va tarde, pero no importa. Nunca ha importado que llegara unos minutos tarde.

No fija su mirada en la acera, pero tampoco lo necesita, conoce de sobra el camino, tanto es así que se permite el lujo de, sin dejar de caminar, sacar su espejo del bolso y retocarse algo el carmín de los labios, no le había quedado como siempre le gustaba.

El reflejo del cielo, está raro... detrás suya, ¿Qué era eso?

El espejo cae al suelo al tiempo que Marta, aterrada, corre sin parar, tratando de esquivar el impacto de lo que parece ser una ola de carne.

Al doblar la esquina, ahoga un grito. No hay calle, solo carne. De nada sirve darse la vuelta, está totalmente rodeada por esa masa de pestilente olor, está entre la carne y la pared.

Apoya las palmas de las manos sobre el ladrillo desnudo de la pared desconchada, totalmente ahogada por el pánico.

De la carne brota algo, un brazo. Un brazo con un puño cerrado en su extremo y una cabeza sujeta a través de un largo y grueso cuello, conectado al codo. Una cabeza horripilante, sin pelo, sin nariz, tan solo un par de ojos y una boca sin dientes con una exagerada mueca de felicidad.

Marta comienza a gritar. De poco le sirve.

La mano se abre y muestra un puñado de papeles. Billetes. De 500 euros. Hace movimiento de querer dárselos a la muchacha.

Marta se queda mirándolos, aun paralizada.

Hasta que, de repente, el miedo comienza a desaparecer. Se despega de la pared muy lentamente y extiende el brazo para coger los billetes.

Lo toca. No es papel, se queda pegada, no puede despegarse. Sea lo que sea, comienza a formar parte de ello, su mano, con las uñas recién pintadas, está siendo absorvida por esa cosa.

El miedo vuelve a aparecer en cuanto el dinero se vuelve irreal. Marta patalea, grita, se revuelve, agota sus energías en cuestión de segundos. Su brazo ya no es suyo, y el cosquilleo doloroso comienza a extenderse por su cuerpo.

La cara brotada de la carne la seguía mirando, oscilando en el aire con la misma mueca de sonrisa. Una sonrisa que se vuelve cada vez mas pronunciada, hasta casi ser una circunferencia. El tamaño de la boca aumenta. Sale algo de ella, ¿Una lengua? No, otro brazo.

Otro brazo que, con fuerza, agarra a marta por el cuello. Aplicando una presión tan insoportable que sus ojos estallan, saltando de sus cuencas, seguidos por dos chorros de sangre. No habría mas gritos mientras que, poco a poco, la carne la absorvía.

Debajo de aquella enorme aberración, Raul, aún en pie y caminando a pesar del peso que le apisonaba la espalda, sonríe y piensa para si mismo: “Si es que sois basura...”


18:32 – 03/12/2012      [Despacho Oval, Casa Blanca, Estados Unidos de América]

Hay un enorme mapamundi electrónico colgado de la pared. Toda Europa, África y Asia están cubiertas de color rojo. Tan solo el continente americano, los polos y Oceanía permanecen en color verde. El presidente de EEUU habla por teléfono con el Australiano:

-Si, ya se que lleva dias sin aumentar de tamaño, y que no ha sido capaz de atravesar grandes distancias sobre el agua, pero no podemos convivir para siempre con ésa cosa en el planeta... 
Pues si las armas nucleares no son suficientes, habrá que diseñar algo mejor...
Si. Lo se, lo se. Es practicamente imposible crear algo que pueda acabar con esa cosa sin dañar el planeta entero a su vez...
Pues habrá que pensar en algo...


09:22 – 08/12/2012      [Daytona Beach, Residencia de los Morgan, Costa Este de Estados Unidos.]

-Mamá, despierta. ¡Pasa una cosa muy rara en la playa!-
Hannah despertó y bajó a la playa de la mano de su hijo con la tranquilidad de todas las mañanas, entre cantares y risas.

Llegaron a la playa, pero no había playa.
Decenas de personas caminaban por la arena donde antes había mar. Muchos buscaban moluscos de entre las rocas, otros simplemente curioseaban atraídos por el extraño hecho.

-¡Nunca había visto el nivel del agua tan bajo! -Le comentó un vecino, acercándose. -Dicen que está bajando desde anoche... ¡hola, chiquitín!-

Una niebla muy intensa impedía ver donde comenzaba la orilla. Parecía que el mar hubiera desaparecido por completo.

Notaron el zumbido de dos helicópteros que pasaron por encima de ellos, pero la niebla no dejaba verlos.


-¡Corred! ¡Corred! - Un hombre corría desde la zona mas profunda, gritando.

De entre la niebla brotó una enorme mano que aplastó entre sus dedos al hombre.

-Dios mio... -Hannah cogió a su hijo en brazos y comenzó a correr hacia la ciudad. El pequeño no lo entiende, apoyado sobre el hombro de su madre ve al resto de personas correr detrás suya, mientras uno a uno son aplastados por enormes puños.

-Mama... ¿Somos como hormigas? -Dijo, justo antes de ser aplastados.



10:35 – 12/10/2012      [Cafetería de la facultad de medicina, universidad de Málaga]

Doy sorbos a mi café, sentado en la pequeña mesa de siempre, con la silla sobre las dos patas traseras, mientras miro al techo pensativo. No tengo muy claro el sentido de mi vida. No solo de la mia, sino de la de todos, en general.

Cansa demasiado ver a tantas personas personas vivir en base a pequeños aspectos superficiales, que no son capaces de preguntarse el por qué de las cosas, ni de luchar por los auténticos valores que cualquiera puede desarrollar dedicando aunque sean unos minutos al día a pensar o empatizar con el mundo. Cansa demasiado vivir entre ignorancia y estupidez. Da asco.

En la mesa de al lado, una chica de 18 años habla de lo desgraciada que dice ser por no haber recibido un mensaje de algún desaprensivo del que estará colgada... toquetea su blackberry sin parar mientras lloriquea... su amiga hace ver que se preocupa pero cualquiera se daría cuenta de que le importa una mierda. Pero no porque piense como yo, sino porque está demasiado ocupada sufriendo sus pequeñas jilipolleces.

Levanto la mano y finjo tener una pistola entre mis manos. Cierro el ojo izquierdo y apunto... disparo.  Pero mi bala de frustración y malos deseos no puede impactar, no puede hacer el menor daño.

A la mierda, ésto no es mas que otro día de mi vida, seguiré sonriendo y fingiendo que todo va fenomenal y es como tiene que ser. Si, otro día en la vida de Raul, otro jilipollas mas...


03:33 – 21/12/2012      [TIERRA]

Desde el espacio, el planeta azul ya no es azul.

Ahora tiene un aspecto a medio camino entre cobrizo y rosado, en su totalidad.

                <<Ha........ terminado>>

Morb estalla, se pudre. La Tierra queda convertida en un enorme mar de sangre y vísceras.

Una enorme esfera de odio. Un reflejo de lo que antiguas escrituras definían como averno.

-         -         -

Deberíamos tratar de frenar la pérdida de la inteligencia, la solidaridad empática y, sobretodo, del amor. Puede que algún dia sean necesarias para frenar al odio que tenga nuestro destino en sus manos.