viernes, 21 de septiembre de 2012

Sin lógica.






-Llueve a mares, y la niebla es tremendamente espesa.
-Siéntate, querida.

Miranda hace caso a su marido y vuelve a su asiento, la butaca mas cercana a la chimenea. A su derecha, su amigo Adelardo se muestra inquieto.
-Román, ¿Tienes alguna idea de a qué se debe ésto?

-Ni la mas remota. Pero ya conocéis todos a Dédalo, no es de actuar sin pensar... si nos ha llamado a los cuatro esta noche es por algo. -Responde el marido de Miranda.

-Pues espero que haya preparado suficientes habitaciones -Joel habla sin nisiquiera darse la vuelta, mientras ojea las fotos que hay sobre la chimenea.- Con éste tiempo va a ser totalmente imposible volver esta noche.

-Le aseguro que disponemos de habitaciones de sobra, caballero. -El mayordomo de Dédalo aparece por la puerta situada en la esquina menos iluminada de la habitación, como una presencia fantasmal, portando una bandeja con tazas y una gran tetera.- Por favor, siéntense todos, el señor aparecerá en breve.

Román y su esposa Miranda; Adelardo y Joel son sin duda los cuatro mejores amigos y personas de mayor confianza con las que cuenta Dédalo.
Los cuatro recibieron un burofax citándolos de manera urgente ésta noche.
Están nerviosos, no saben qué ocurre.

Dédalo es un hombre excéntrico, un genio recluido que apenas tiene contacto con el mundo fuera de las paredes de su mansión salvo con ellos cuatro, con los que si mantiene una relación y trato impecables. 

Apenas han dado un par de sorbos cuando el anfitrión por fín hace acto de presencia.

-Vaya, habéis venido todos. Qué bien. No podría ser de otro modo.

-¿Qué es lo que ocurre? Llevamos aquí mas de cuarenta minutos... -Joel se rasca la cabeza al hablar, tratando de fingir desinterés.

-Pues es muy sencillo... -Replica Dédalo con tranquilidad.- Tenía que contaros personalmente que he fallecido en extrañas circunstancias.-

Todos adoptan inmediatamente una mueca de confusión, salvo Miranda que, aún sugestionada por el escalofrío que le produjo ver el temporal del exterior, parece asustarse.

-Pues yo te veo bastante vivo... -Román rompe el silencio, sustituyéndolo por risas.

El rostro de Dédalo permanece impasible, desde que entró en la habitación ha mostrado una excesiva seriedad.

Sin mediar palabra, el dueño de la casa camina entre las butacas donde están sentados sus amigos hasta otra de las puertas de la parte en penumbra de la habitación, junto a la que hace un momento había atravesado el mayordomo para traer el té.

-Síganme si son tan amables- Les dice Claus (el mayordomo), que da media vuelta para seguir los pasos de Dédalo.

Dédalo sujeta el pomo de tal manera que el dispositivo pueda leer todas sus huellas dactilares. Tras un breve zumbido, la puerta se abre y todos entran.

Antes de que las lámparas de tubo se enciendan, con los primeros destellos previos a estabilizarse, algunos de los presentes ya han sido capaces de cavilar que es lo que hay ahí:
El cuerpo Dédalo, el mismo que está frente a ellos, yace en una camilla metálica, cubierto con una manta negra que tan solo deja ver el rostro, con los labios morados y las cuencas de los ojos ligeramente hundidas.

Adelardo frunció el ceño y casi gritó.
-¿Que clase de broma es esta?-

-No es ninguna broma. Me conocéis bien, sabéis de sobra que no bromearía.-

Joel examina el cuerpo en silencio.
Es el médico de Dédalo y conoce perfectamente las molduras y marcas de su piel.
-Pues os va a costar asimilarlo, pero es él... Es su cadáver.-

-P..pppe pero entonces... ¿Quién es él? -Titubea Miranda, señalando al Dédalo que se encuentra en pie. -¿Un fantasma?

-No digas bobadas...- Dice Román, rodeándola con el brazo sin apartar la mirada del cuerpo.-¿Qué es esto, Dédalo? ¿Has fabricado una réplica de tu cuerpo? ¿Donde has metido las cosas de valor que había aquí?

-¿Qué os acabo de decir? El original es éste, el de la camilla.- Insiste Joel.

-No lo creo, -Contesta Román.- Como encargado de seguridad se que para entrar a ésta habitación deben posarse sobre el pomo los cinco dedos de la mano derecha de Dédalo. Podría haber algún modo de aparentar tener sus huellas si no fuera porque, además de éstas, el pomo toma una pequeña muestra de ADN que analiza en segundos... Haría ya rato que habría sonado la alarma. -

Adelardo deja de prestar atención a Román y se gira hacia Dédalo (el que permanece en pie):
-Sácanos de dudas, pues...

-Me temo que tendremos que continuar con ésta conversación mañana. -Las palabras de Dédalo hacen que todos entrecierren los ojos.- Me voy a asegurar de que ninguno de ustedes abandone mi mansión ésta noche. Hay mucho de lo que hablar aún.-

Dédalo sale de la habitación ante la mirada atónita de todos, que no dan crédito a nada de lo que ven.

Apenas unos segundos después de que cerrara la puerta al salir, el mayordomo comienza a repartir unos sobres cerrados entre los presentes.

-En éste sobre encontrarán la ubicación de sus habitaciones para esta noche. El señor hizo hincapié en la necesidad de que sólo ustedes conozcan la ubicación de sus propias habitaciones, por lo que ruego tengan cuidado de no mostrarla al resto... excepto ustedes dos, que compartirán una.- Entrega la carta a la pareja, siendo Miranda quien toma rápidamente el sobre entre sus dedos.

-Sigo diciendo que es imposible que éste no sea Dédalo... Además no hay marcas de ningún tipo de agresión, ni signos de haber sufrido algún fallo respiratorio o circulatorio... Tendría que analizarlo un poco mas, pero...- Joel sigue con el cuerpo.

-Tendrá tiempo de hacerlo mañana.-El mayordomo le da la carta. -Ahora por favor váyanse a la cama.-


El fuerte vendaval azota las persianas de cada una de las habitaciones de la planta superior. Lejos de donde se dirigen Miranda y Román.

-Desconocía la existencia de ésta parte de la mansión... -reconoce Román.

-¿Pero no llevas tu toda la seguridad? -Se sorprende su mujer.

-Hay habitaciones específicas donde no se me permite entrar ni instalar nada. Dédalo tendrá sus razones, nunca le he preguntado... Aunque si, es bastante raro tener tan bien arreglado ésta malla de pasillos y habitaciones del sótano. Probablemente se tratara de algún tipo de refugio antiguo en un principio, por la ausencia de eco diría que está insonorizado y... ¿? ¿Qué te pasa?-

Miranda tiembla al oírle.
-Crees... ¿Crees que quiere matarnos? Nos ha mandado a una zona oculta de la mansión en plena noche, insonorizada, sin seguridad...

-Vamos, no seas tonta. Conocemos a Dédalo.

-Últimamente no es el mismo. Y el numerito del cuerpo...

-Llevas rara toda la noche. ¿Hay algo que no me hayas contado?

-Verás...




Las indicaciones de Adelardo le llevan hasta un ático en el ala este.
A medio camino entre la asimilación y la reflexión, piensa en la posibilidad de que todo ésto sea algo relacionado con Joel.
Dédalo es un hombre muy atento con las pocas personas que tiene cerca, y efectúa revisiones médicas a cada uno de sus empleados. Sin embargo, la última vez que Adelardo fue a su chequeo, no le atendió Joel como de costumbre, sino un tal “Dr. Biagio”. 
Aunque no ha dicho nada, le sorprendió ver a Joel junto a los demás. Creía que lo habían despedido.

En la habitación a oscuras, desde una enorme ventana cerrada (a través de un cristal de gran grosor) puede ver las siluetas de enormes animales en el jardín, podadas por sus propias manos.

El jardinero estaba orgulloso de su trabajo, y le preocupaba que el temporal causara algún daño a su belleza.

Repara en algo: Hay luz en el cobertizo del jardín. 
Casi ha pegado la frente en el cristal cuando un sobresalto le hace darse la vuelta. Alguien llama a la puerta.




Miranda continúa contando a Román la conversación que mantuvo con Dédalo.
-... Decía haber hecho grandes avances hacia la explicación de “como funciona la vida”, pero cuando le hablé del origen de la misma en el agua y la evolución me calló asegurando que no se refería a eso. A medida que hablaba sobre la supuesta razón de ser de las cosas, sus palabras me parecían cada vez menos cuerdas... hasta llegó a mascullar algo como “recoger el testigo de Dios”.

-No recuerdo haberle escuchado nunca ninguna referencia a nada religioso... Es extraño, si. En cualquier caso mañana lo sabremos.

Cuando casi han llegado a su habitación, al torcer la última esquina, se sobresaltan al ver a Joel inmóvil en el pasillo.
-¿Qué pensais? -Es lo único que les dice.

Aunque es una persona que suele hacer gala de un optimismo y alegría radiantes, el rostro de Joel está totalmente serio, incluso pálido.
-Nos ha separado. -Continua tras una pausa que, esperaba, hubieran roto sus interlocutores. -Pude ver los sobres antes de entrar a la sala de seguridad. A Adelardo lo han mandado a la habitación mas elevada de la mansión, muy lejos de aquí. Nosotros tres hemos sido colocados en el sótano.

-Si no conociera a Dédalo, diría que no quiere que estorbemos. -Dice Román, rascándose la barbilla.



Adelardo siente la necesidad de toser, pero toser no le reconforta. Aún no ha logrado adivinar quien es la persona que tiene delante, que entró en la habitación cuando abrió la puerta.
Todo da vueltas, está confuso. Se desploma sobre la alfombra, cuya textura acolchada da paso rápidamente a otra fría y metálica. Su cerebro parece haberse vuelto loco, interpretando de sus sentidos señales contradictorias.



-Entonces tenemos dos opciones. La primera sería confiar en Dédalo e irnos a dormir sin más...

-Dédalo está muerto. -Joel interrumpe a Román. -Estoy totalmente seguro de que el que se encontraba en la camilla era él.

-Y yo te vuelvo a repetir que el dispositivo de seguridad hace una comprobación de ADN. -Román pone los ojos en blanco al hablar.

-Eso se puede piratear.

-No, no se puede. Y de poderse yo habría recibido la alerta... No se, tal vez Dédalo, al entrar primero en la sala de seguridad, se desnudó rápidamente y se tumbó en la camilla, dejando que su doble comenzara a interpretar el papel.

-Y de paso murió, ¿No?... El hombre de la camilla estaba muerto, de eso tampoco cabe duda.

Miranda no hace mas que mirar una y otra vez a las dos direcciones de la esquina donde se encuentran hasta que se decide a hablar:
-Aquí no vamos a sacar nada en claro. ¿Sabes entonces a qué habitación han mandado a Adelardo? Si le han separado tanto es por algo...

-Si, supongo que quedarnos en nuestras habitaciones no es una buena opción. No sé que es lo que pretende Dédalo y, aunque confío en el, no puedo detener mi curiosidad. Seguidme. -Dijo el médico.

Joel marcha a paso decidido hacia el pasillo que acaba en la salida del enorme sótano. Román y Miranda le siguen en silencio.



Adelardo abre los ojos, y aunque aún se siente algo confuso, reconoce perfectamente donde está: El cobertizo del jardín, el mismo que observaba por la ventana. 
A su alrededor hay muchas máquinas que no entiende, máquinas que no parecen parte del equipo de jardinería.
Luchando contra el aturdimiento que aún sufre, logra bajar de la camilla metálica sobre la que ha despertado.

Alguien intenta abrir la puerta desde afuera, que está cerrada con llave.
Adelardo agarra una de las herramientas de jardinería que hay junto a la puerta y espera a que la puerta se abra.




-Román... -susurra Miranda mientras suben la escalera.- ¿Has pensado por un momento que Joel esté metido también en todo ésto y nos esté llevando a la boca del lobo?

-La puerta de la habitación está abierta -susurró con fuerza Joel. -Alguien está saliendo de la habitación de Adelardo.





Cuando el doctor Biagio atraviesa la puerta del cobertizo, el jardinero hace ademán de golpearle con el rastrillo, deteniéndose en el último instante. El sobresalto provoca que al doctor se le escurran de las manos los dos cafés calientes que porta, abrasándose el pecho con ellos en un ahogado alarido.

-¡Merda!... -Exclama. Cambiando su tono al ver a quien tiene delante- Bueno, al menos ha despertado bien.-El acento italiano del doctor es muy notorio.

Adelardo relaja los brazos, bajando la improvisada arma.
-Disculpe el susto, doctor... ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí? - Pregunta.

-Te encontré cuando fui al ático, desmayado. Io me hospedé allí anoche, y olvidé algo importante. Como estabas mal te traje qui y fui a buscarte un poco di caffè.

-¿Me está tomando el pelo? ¿Me está diciendo que cargó conmigo desde el ático hasta aquí? ¿Acaso no hay mas habitaciones?...

-Questo... Il signore Dédalo me dio indicazione de no entrar en habitaciones que no me hubiera comunicado previamente.... eh...

-¿Y me traes al cobertizo? Además, ¿Como has cargado conmigo por todo el jardín sin que me mojara lo mas mínimo? ¡Llueve a mares!

-Te cambié de ropa... por una... igual.. -Biagio empieza a sudar.

Adelardo, indignado, se dirige hacia la puerta, pero el doctor se pone en medio.
-Io creo que debería descansar un poco mas, vuelva a la camilla. Le haré un chequeo.



Joel, Miranda y Román están agazapados en la escalera, tratando de distinguir quien está saliendo del ático.
-Es Claus, el mayordomo. -dice Miranda por lo bajo.- Está arrastrando algo...

Horrorizados, los tres pueden observar como el mayordomo sale de la habitación, arrastrando el cuerpo sin vida de Adelardo.
Román termina de subir los escalones de dos zancadas y placa al mayordomo, sujetándolo contra la pared.
-¡¿Qué coño pasa aquí?! ¡¡Queremos respuestas ya!!.- Es obvia la formación como cuerpo de seguridad que tiene.

-¡Roman! -Miranda también sube los escalones y se pone detrás de su marido. -Cuidado, ¡Lo vas a matar!

Joel, agachado junto al cadáver de Adelardo, simplemente les mira y asiente, dando a entender que está muerto.

Román agarra con mas fuerza la ropa del mayordomo, reparando en algo entre sus yemas.
-Tiene un micrófono en la camisa.

De repente, el mayordomo deja de forcejear. Román le retira la presión y, anonadado, ve como se desploma en el suelo.
-No... no le he hecho nada que...

Joel se acerca y comprueba que tampoco respira, y carece de pulso.
-Ha muerto fulminado...

-Joder, joder... ¿Qué hacemos? -Grita Miranda, agarrándose el pelo.

-Hay que llamar a la policía. -Contesta Román.

-Los teléfonos no funcionan porque tanto la linea como la cobertura están... espera. Tengo una radio en mi coche, tiene linea con las ambulancias de la ciudad. Tal vez nos sirva. -Algo del optimismo habitual de Joel se pudo atisbar en sus palabras.

-Vamos los tres. No creo que sea buena idea separarnos a estas alturas... -Asegura Román.






Adelardo forcejea con el Dr. Biagio, agarrados al rastrillo de jardinería.
Girando la muñeca derecha y cediendo la presión de la izquierda, el jardinero logra que el rastrillo gire de manera circular. Una de las varillas de éste se clava profundamente en el ojo del italiano, que cae al suelo sangrando abundantemente.

Mientras trata de encajar la llave sin dejar mirarlo, Adelardo ve como el médico susurra algo mientras se revuelve de dolor, quedándose de repente inmóvil, muerto.
“No puede haberse desangrado tan rápido”, piensa el jardinero, cuando la llave hace el click que indica ser la correcta.

Adelardo sale de allí disparado, atraviesa todo el jardín para llegar al aparcamiento junto al ala oeste, donde todos dejaron sus coches al llegar.
No piensa permanecer más tiempo en la mansión, aunque ello signifique jugarse la vida en los sinuosos carriles bajo la tempestad.

-Ese no es.....¿? -Miranda abre los ojos tanto que parece que se le vayan a salir.

Delante de ella, Adelardo se acerca a su coche.
-Me alegro de veros... Escuchadme: tenemos que largarnos de aquí, han intentado matarme y... -
Joel se le acerca y le toca la cara, con incredulidad.

-¿Qué pasa? Parece que hayas visto un fantasma. -le reprocha el jardinero.

Una voz se alza firme sobre el sonido de la lluvia:
-¿Cuando perdisteis la confianza en mi de éste modo? -Dédalo sale por la pequeña puerta que da a una de las cocinas del ala oeste, junto al aparcamiento.
Portando un paraguas negro y acompañado por su mayordomo, camina hasta colocarse cerca de sus amigos.

Román señala al mayordomo con los ojos tan abiertos como Miranda.
-No puede ser... -susurra.

-Supongo que no podremos esperar a mañana. Por favor, seguidme y veréis todas vuestras preguntas respondidas. -Dédalo habla con total tranquilidad.

Aún con desconfianza y apiñados, sus cuatro amigos le siguen hasta el interior.
Donde debería haber un comedor hay un enorme laboratorio cargado de tanques con fluidos y extrañas máquinas.

-Tal y como le comenté levemente a Miranda hace tiempo, estoy trabajando en algo relacionado con los impulsos de la vida y el modo en que ésta funciona. Desde siempre me ha intrigado aquello a lo que llamamos “alma”: ¿Qué es? ¿Un simple impulso eléctrico del cerebro? ¿Una conciencia formada por la totalidad de nuestro conjunto orgánico? ¿Un cuerpo etéreo? No he encontrado la respuesta, pero aunque os cueste creerlo, si que he encontrado el modo de “aislarla”.

Cada cuerpo humano o animal posee unas características distintas. No hablo de cosas como las huellas dactilares o incluso el ADN. Hablo de pequeñas, pequeñisimas diferencias a todos ojos imperceptibles. No voy a aburriros con una explicación más compleja, aunque si os diré que la mayor parte de este “código de diferencias” se encuentra en el cerebro. Por eso pedí la ayuda del Dr. Biagio.-

El doctor biagio aparece desde detrás de las máquinas, vivo y con su ojo en perfecto estado.

-Veo que alguno de vosotros ya ha hablado con él esta noche  -Dice Dédalo al ver el rostro de sorpresa de Adelardo. -La experiencia en neurocirugía del doctor y lo aprendido de anteriores proyectos personales como el acelerador de crecimiento celular o la modificación de ADN mediante el material genético de las babosas adán del fondo marino han sido clave para llegar a éste punto.

El mundo, la existencia o la realidad (como queráis llamarlo) solo “soporta” un ser que tenga dicho código de diferencia. 
¿Qué quiere decir eso? Pues que si creamos otro ser con exactamente el mismo código (un clon perfecto, cuyas diferencias no alteren dicho código), el alma solo puede permanecer en uno de ellos. Curiosamente (aún no se como lo hace) ésta opta por alojarse en la mejor opción, la mas sana y con mayor esperanza de vida. Os lo demostraré.-

El Dr. Biagio descubre una sábana que tapaba una persona en una camilla: Dédalo.
Un clon del propio Dédalo descansa vestido sobre la camilla. El italiano le coloca unos electrodos y se prepara para bajar una palanca cuando se lo indiquen.

Dédalo saca un bisturí y, tras colocarse un envoltorio de plástico para no manchar el suelo, se hace un profundo corte en el brazo, metiéndolo luego en la bolsa.

-¿Estás loco? -Grita Joel.

-Tranquilo. -Le contesta Dédalo con una sonrisa, mientras le hace un gesto con la mano al doctor.

El italiano baja la palanca y en menos de un segundo el cuerpo de Dédalo que permanecía en pie desangrándose cae al suelo.

Ante un clamo de incredulidad de los cuatro amigos, el Dédalo de la camilla se levanta y sigue con su explicación.

-Las implicaciones de esto son demasiado grandes. No solo nos acercaría a la inmortalidad, sino que podría usarse incluso para desplazar nuestra consciencia de un lugar a otro. La velocidad a la que el “alma” viaja es instantánea. -Dédalo señala a Adelardo.- Pasaste del ático a el cobertizo instantáneamente. Y bueno, el aturdimiento es algo normal las primeras veces.


-Yo jamás me prestaría a un experimento así... ¿Como has podido planear hacérnoslo sin consultarnos? -Miranda estaba tan indignada como sorprendida.

-Ese es el problema...-Responde Dédalo.- Que en realidad ya lo habéis hecho.-

El mayordomo deja al descubierto las tres camillas restantes, que tienen sobre ellas los cuerpos de Miranda, Román y Joel.

Joel da un paso hacia atrás, sorprendido al verse a si mismo muerto.
-¿Cuando has hecho ésto? ¿Cuando fue la primera vez?

-Fuisteis los primeros. Por voluntad propia. Pero hubo un problema con el que no contamos y no pudimos ver hasta que fue demasiado tarde: el problema de la memoria.
Como en un primer momento no considerábamos siquiera la posibilidad de que la memoria se transfiriera junto con el alma, procuramos que la copia contara con la impronta de los recuerdos de esa persona hasta el momento de la transferencia. 
El problema es que vuestros cuerpos recordaban todo lo anterior al momento antes de empezar el proyecto y, por un fallo de cálculo, toda la nueva memoria que creábais se desvanecía al entrar el cerebro en fase REM.

-En otras palabras -dice Joel.- Al dormir por primera vez tras el experimento perdimos toda la memoria sobre el mismo...

-Así es.-Dédalo se dirige a Román .-Olvidasteis incluso que vuestro interés en todo ésto empezó en parte como un medio de salvar la vida de Miranda, que pendía de un hilo tras el accidente de coche que tuvisteis... Aunque bueno, eso es totalmente irrelevante ya.

-¿Y por qué no nos has dicho todo ésto desde el primer momento? -Clama Joel.

-No hubiera servido de nada. Lo habríais olvidado todo al iros a dormir. Si me hubierais hecho caso, mañana por la mañana os habríamos transferido las almas a nuevos cuerpos sin el problema de la memoria, y podría volver a explicaros todo sin que lo olvidarais.

-¿Y yo? -protesta Adelardo- ¿Por qué me lo habéis hecho ésta noche?

-La idea era hatseroslo questa notte a todos. Mientras dormíais. 
Io vi desde el cobertizzo la luz de la tua habitatzione apagada durante casi una hora, por eso lo initzié. Se suponía que estabas dormitto así que fui a por café para mi y para il signiore Dédalo, pero...-El italiano trata de explicarse.

-El señor Biagio debió esperarse a que yo comprobara si usted seguía dormido, tal y como habíamos acordado -Habla el mayordomo.

-No tiene sentido que sigamos conversando. El único que lo recordará mañana será Adelardo. Por favor vayan a sus habitaciones. Durante la noche el doctor Biagio y yo terminaremos de preparar sus nuevos cuerpos, y mañana despertarán sin ese terrible inconveniente en su memoria.-



La irrefutable demostración que acaban de presenciar es suficiente motivo para que todos se dejen acompañar por el mayordomo a sus habitaciones, convencidos de que fuera como fuese, a la mañana siguiente todo se habría solucionado.

Un par de minutos después de que el último cerrara la puerta, Claus se dirige a Dédalo.
-¿Seguro que quiere dejar las cosas así? ¿Quiere que crean eso?

-Si, Mañana será mejor, mas interesante. -Dice Dédalo.