El saco.
¿Cuando pasó? ¿Cuando se abrió ese
agujero? No me dí cuenta...
Existe un saco donde van a parar todos
los sentimientos que cumplen o cumplieron su función, un saco donde
pueden descansar sin dejar de ser recordados... Un saco en el que,
cuando un corazón inocente y novel no encuentra las palabras, puede
introducir su mano y sacar el mismo te quiero que hiciera feliz
antaño a otra persona de algún lugar remoto, para adecuarlo a su
situación, creando y conservando un nuevo sentimiento que también
se almacena.
Ese saco, nuestro saco, el saco de la
vida, el saco del amor, tiene un agujero.
Un agujero del que nadie parece
preocuparse, del que nadie tiene consciencia.
Los corazones inocentes, nóveles, han
perdido su recipiente mágico. Su mano urga sin encontrar nada,
porque los pocos sentimientos que quedan están apilados en el fondo,
escapándose por el agujero. Al retirar la palma y verla vacía,
optan entonces por colocar su mano en un pecho, en un pene, en una copa, o
en cualquiera de las otras armas favoritas del pelotón
fusila-sentimientos.
¡Ese maldito agujero está
obligándoles a usar algo que no entienden como respuesta! Y es tan
triste como ver a un niño empuñar un tenedor a modo de arma,
apuñalando furioso por tener hambre y no saber lo que es la comida,
cuando lo único que necesita es aprender a usar ese tenedor para
comer...
Pero me gusta creer que aún estamos a
tiempo.
Aunque el hilo capaz de coser ese agujero sea un material extinto, aún podemos nosotros (los veteranos en ésto del sentir) crear de la nada unos sentimientos lo suficientemente grandes como para bloquear ese agujero, que no quepan, que lo atasquen.
Aunque el hilo capaz de coser ese agujero sea un material extinto, aún podemos nosotros (los veteranos en ésto del sentir) crear de la nada unos sentimientos lo suficientemente grandes como para bloquear ese agujero, que no quepan, que lo atasquen.
¡Nunca debemos dejar de intentarlo! :)

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