domingo, 20 de enero de 2013

El saco.






El saco.





¿Cuando pasó? ¿Cuando se abrió ese agujero? No me dí cuenta...

Existe un saco donde van a parar todos los sentimientos que cumplen o cumplieron su función, un saco donde pueden descansar sin dejar de ser recordados... Un saco en el que, cuando un corazón inocente y novel no encuentra las palabras, puede introducir su mano y sacar el mismo te quiero que hiciera feliz antaño a otra persona de algún lugar remoto, para adecuarlo a su situación, creando y conservando un nuevo sentimiento que también se almacena.

Ese saco, nuestro saco, el saco de la vida, el saco del amor, tiene un agujero.
Un agujero del que nadie parece preocuparse, del que nadie tiene consciencia.
Los corazones inocentes, nóveles, han perdido su recipiente mágico. Su mano urga sin encontrar nada, porque los pocos sentimientos que quedan están apilados en el fondo, escapándose por el agujero. Al retirar la palma y verla vacía, optan entonces por colocar su mano en un pecho, en un pene, en una copa, o en cualquiera de las otras armas favoritas del pelotón fusila-sentimientos.

¡Ese maldito agujero está obligándoles a usar algo que no entienden como respuesta! Y es tan triste como ver a un niño empuñar un tenedor a modo de arma, apuñalando furioso por tener hambre y no saber lo que es la comida, cuando lo único que necesita es aprender a usar ese tenedor para comer...

Pero me gusta creer que aún estamos a tiempo.
Aunque el hilo capaz de coser ese agujero sea un material extinto, aún podemos nosotros (los veteranos en ésto del sentir) crear de la nada unos sentimientos lo suficientemente grandes como para bloquear ese agujero, que no quepan, que lo atasquen.

¡Nunca debemos dejar de intentarlo! :)

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