Suena la alarma. A las 9:30, como siempre. No es ni muy temprano ni demasiado tarde, la hora perfecta para empezar el día. Tengo el tiempo justo para bajar y forzar a mi madre a comer algo antes de irme al centro comercial.
En la cocina solo hay conservas y pan duro. Por suerte la tostadora la puedo seguir usando, la electricidad es la única cosa que aún no nos han cortado. Y menos mal, porque la televisión es lo único capaz de controlar los brotes de histeria de mi madre. Se pasa el día ahí, en el sofá, viendo el canal de noticias 24 horas (que permanece inactivo la mayor parte del tiempo), totalmente obsesionada con el fin del mundo. Estaría muerta (o, al menos, aún mas desnutrida) si no consiguiera hacer que comiera algo cada día.
Las cosas van de mal en peor desde el “DoorDay”. Mi padre se vió obligado a unirse al ejército, como casi la totalidad de varones entre los 25 y los 50. La mayoría a consecuencia de la cantidad de impuestos y leyes ridículas que se gestaron éste año como excusa, pero otros (y no son pocos) por el sentimiento “patriótico” que ha despertado toda esta mierda en aquel lo suficientemente fuerte como para no perder la cordura.
¿Que qué es el “DoorDay”? Nisiquiera lo termino de entender. El pasado 21 de diciembre, en no se qué pais del este, los científicos experimentaban con algo. Ese algo creó una brecha que llevaba a otro mundo, otro lugar pero en el mismo sitio... como otra dimensión. Al parecer, ésto molestó muchisimo a unas criaturas que habitaban allí. Los que ahora llamamos cristálidos.
En unos días toda la zona donde se llevaba a cabo aquello fue acordonada por el ejército, pero no servía de mucho.
Bueno, solo ha tragado media tostada... éste mediodía volveré a probar suerte.
Las 10:15. Hora de irme.
La guitarra está colgada donde siempre, en su funda. Antes de cargarmela a la espalda, saco de uno de los bolsillos de la misma el pequeño amplificador portatil y lo amarro a mi cinturón, conectándolo antes a mi viejo mp3.
Las calles están casi vacías, como todos los días.
Ya es tradición el quedarme mirando la crisálida del cielo, al pasar el cruce del McDonalds. Aún con lo que supone, encuentro hermosa su mezcla de colores y el brillo que le da el sol.
Las crisálidas son como naves nodrizas de los cristálidos. Toda su “tecnología” (no se si se puede llamar así) está formada por cristales de colores. No tienen una forma concreta, ni expelen ningún tipo de humo, o calor. Es como si no usaran motores, como si no pertenecieran a éste mundo (que, de hecho, no pertenecen).
Hay una crisálida parada en el espacio aéreo de cada uno de los núcleos urbanos medianamente grandes. Aunque las autoridades y las noticias tratan de negarlo para calmar la histeria, es un secreto a voces que, tarde o temprano, de éstas empezarán a bajar tropas que aniquilarán cada uno de esos núcleos urbanos. Es como una macabra ruleta rusa, nunca sabes cual de las crisálidas que hay a lo largo del planeta se abrirá, ni cuando.
Desde luego no estoy tan obsesionado como mi madre con cuando se abrirá ésta, pero de vez en cuando procuro informarme algo en los cibercafés de como van las cosas en el resto del planeta. Para saber qué ciudades han caido y cuales no, hay numerosas páginas en internet que intercambian información... cuando una crisálida se abre, la ciudad es arrasada muy rápido, de modo que sabemos que los cristálidos han destruido dicha ciudad cuando dejamos de tener noticias de usuarios de allí o cuando las ciudades próximas contemplan como el ejército la acordona.
Bueno, he llegado. La puerta de La Cañada.
Saco la guitarra y la conecto al amplificador, dejando la funda abierta en el suelo.
Cada vez pasa menos gente, pero espero conseguir suficientes monedas para comprar algo mas de comida.
Hay personas que creen que lo que está ocurriendo es una invención de los medios, que las crisálidas no son mas que algún tipo de publicidad viral que tarde o temprano se destapará e intentará venderles algo, otra gente cree que se está librando una igualada guerra entre humanos y cristálidos (la mayoría de los que se alistaron por voluntad propia) y hay otra, algo mas realista, que es consciente de que estamos siendo aniquilados.
La poca información que hay se distribuye, como digo, a través de internet. Pero es suficiente para saber, por ejemplo, que nuestras armas no les hacen el menor daño. Los cristales de los que está hecha su tecnología no se deforman ni destruyen con ninguna explosión, por grande que sea su magnitud.
Incluso aún recuerdo una de las primeras retransmisiones, antes de que llevaran un control y manipulación mas exaustivo, en la que mostraron una primera ofensiva militar con nulo resultado.
Muy pocos medios continuan haciendo eco de la situación real y, la verdad, puedo entenderlo. Es mucho mas satisfactorio morir en el mas absoluto desconocimiento y tranquilidad a vivir un apocalipsis caótico y lleno de desesperación.
El aspecto del centro comercial es desolador. Hace tan solo un año, un sábado como éste significaba ver el parking totalmente lleno de coches, con multitud de familias realizando sus compras, todo lleno de vida. Ahora solo hay un puñado de automóviles aparcados y otros tantos abandonados, cubiertos por el polvo.
Un ensordecedor sonido, como un crujido gigante tras un impacto, surca todo el cielo del centro comercial. Todo el mundo se para en seco, soltando sus bolsas de la compra. Todos sabemos donde mirar: La crisálida parece haberse abierto.
La gente comienza correr hacia sus vehículos, totalmente aterrada.
Yo me quedo inmovil, viendo como la crisálida comienza a escupir cristales en varias direcciones. Paro de tocar.
Uno de esos cristales cae cerca, a unos 100 metros de mi. Puedo ver como se mueve y retuerce, como un cubo de rubik, hasta adoptar una forma antropomórfica.
De sus extramidades se proyectan finas cuerdas de luz que queman hasta hacer desaparecer todo cuanto tocan, un efecto parecido a cuando jugaba con la lupa al sol, de pequeño.
En cuestión de segundos, el parking se convierte en un infierno incandescente. Sigo sin moverme, mirando fijamente como aquella cosa destruye los vehículos y la estructura, asesinando a la gente que trata de huir. Por un momento, me acuerdo de los músicos en la película de titanic y logro moverme, aunque no para huir. Mi cuerpo quiere que siga allí de pie, pero no quieto, quiero tocar.
Le vuelvo a dar al play de mi mp3 y comienza a sonar Everlong, de los Foo Fighters.
Aquella cosa se acerca a mi, está tan cerca que puedo ver lo que hay dentro de esa armadura de cristal. Un ser de 4 extremidades y un solo ojo, con ciertos rasgos que recuerdan a un reptil.
Agarro mi pua y comienzo a tocar sobre la música.
El cristálido me mira y alarga el brazo, apuntándome.
Pero no dispara, no puede disparar. El cristal de la extremidad comienza a quebrarse.
Rápidamente lo comprendo y me acerco a él: es la música, es el sonido de como toco, la vibración de las cuerdas de mi guitarra, un conjunto de todo ello.
La armadura del cristálido se va haciendo añicos poco a poco, hasta que el ser cae al suelo, desnudo, mirándome y tratando de chillar algo que seguramente está por encima de mi frecuencia, porque no soy capaz de oirlo.
El sonido de mi guitarra le paraliza, y le hace mover la cabeza dejando ver finas grietas en su cráneo.
La gente que trata de huir del interior del centro comercial se frena en seco, parándose alrededor de los pedazos de cristal, viendo como aquel ser se retorcía de dolor con mi música.
Cuando la canción termina, cojo mi guitarra por el mastil y golpeo con fuerza la cabeza del cristálido, empapando en sangre a todos los presentes. Aquella cosa estaba muerta.
Sonreí eufórico y levanté la guitarra, totalmente cubierta de sangre, en señal de victoria mientras todos los presentes llenaban mi funda de monedas. Parece que si que volvería a casa con comida...
Mi nombre es Angel Javier y, a 19 de Mayo de 2.013, he descubierto como acabar con éstos hijos de puta.
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