2 GATOS
(Escrito en 2008)
00:39 – Ella camina, en la oscuridad de la madrugada, con la acera bañada a intervalos por la anaranjada luz de las farolas. Calle abajo de la avenida que acaba en el inicio del paseo marítimo.
No se escuchaba un alma, aquella zona siempre era silenciosa, mucho mas en la noche.
Por su cabeza pasaban un millón de pensamientos, pero ninguno era de miedo, éso no iba con ella.
Pero si que estaba nerviosa, no podía parar de juguetear con el papel que sostenía entre los dedos, se lo sabía de memoria, lo había leído y releído cientos de veces desde que, unas horas antes, lo cogiera en sus manos. “A la una menos cuarto, donde tú sabes”.
00:34 – Apenas había empezado a bajar la amplia avenida cuando Él la divisó, a lo lejos, en la otra acera. Pero no dijo nada, a pesar de morirse de ganas por estar cerca de Ella, simplemente la siguió con la mirada desde el otro lado de la calle, en la oscuridad. Sabía que ella no tenía miedo de andar por un lugar así a esa hora, e incluso que se sentiría ofendida si Él quisiera acompañarla por protegerla...Pero le preocupaba, así que lo único que podía hacer era acompañarla sin que ella pudiera saberlo.
00:42 – Estaba de pie, junto al banco de piedra donde habían quedado, apoyada sobre una papelera, justo delante de una enorme jardinera. La nota ya estaba arrugada dentro de una papelera. Todavía faltaban unos minutos... sabía que Él era puntual, pero no veía ninguna silueta lejana a lo largo del paseo marítimo, y eso la ponía nerviosa. No paraba de toquetear la pulsera que llevaba en su muñeca izquierda mientras miraba de un lado a otro. No veía aparecer a nadie.
00:45 – Algo le pellizca en la nalga, ahoga un grito, pega un pequeño bote y se da la vuelta.
Brillando por el reflejo de la luz del farol, puede distinguir dos ojos entre las hojas de los matorrales que bordean la jardinera.
-¡Miau!-
-Me has asustado, ¡Imbécil!-
Él se puso en pie, con una falsa sonrisa extremadamente pronunciada. La miraba con los ojos casi cerrados, casi cubierto de hojas.
-¡Hola!-
Ella le dio la espalda, como si estuviera enfadada por la broma que le acababa de gastar, pero ambos sabían que no era así.
Él se le acercó por detrás y la rodeó con sus brazos, apoyando la barbilla en su hombro. No dijo nada.
Ella acercó su dedo índice a la boca de él, que hizo ademán de morderlo. Justo antes de que lo hiciera, lo estiró y le golpeó en la nariz, haciéndole estornudar y casi perder el equilibrio.
Entre risas, Ella le empuja. Él la mira con un ojo cerrado y una ceja levantada.
-¿Qué pasa? Si ha sido culpa tuya. En fin, supongo que estamos en paz.-
Se miran fijamente unos segundos, había tal silencio que podían escuchar sus entrecortadas respiraciones.
00:38 – Desde la oscuridad de la otra acera, Él ve como Ella llega al lugar acordado, sonríe al ver como trata de colocarse bien la falda, como si quisiera estar bien preparada. Luego se asegura de que no le ve cruzar y, apartando varias ramas, entra en la jardinera. Desde allí la mira en silencio, con su reloj delante, esperando a que sean exactamente la una menos cuarto. Sabe que Ella espera que llegue por la parte izquierda del paseo, y se extrañará al no ver a nadie siquiera a lo lejos.
00:49 – Llevaban un minuto mirándose en silencio. El dio un paso adelante y la agarró por la cintura, ella cerró los ojos y acercó su rostro al suyo, estirando los labios. La paró en seco apoyando un dedo sobre los labios que le tendía.
-Aquí no.-
-¿Por qué? Si no hay nadie...-
-Mmmm... podría vernos la luna.-
-¿Qué quie....-
La agarró con fuerza y la empujó hacia el matorral del que había salido hacía unos minutos.
00:50 – La confusión que sintió por haber sido arrojada al interior de la jardinera desapareció al contemplar la belleza de aquel rincón. Había aterrizado en un suave colchón de césped que le acariciaba las piernas y brazos, era como si aquel lugar fuera mágico, como si los árboles se hubieran puesto de acuerdo en como colocar sus ramas y mecerlas para hacer que la luz bañara la hierba del suelo con formas que giraban sobre si mismas. El no tardó en aparecer, gateando por la hierba, hasta llegar a donde yacía Ella, tumbada.
Sin mediar palabra, se fundieron en un beso.
01:02 – Él sale a toda prisa de la jardinera, saltando por encima de las matas, levantando hojas y ramas.
Corre hasta el ancho borde de hormigón que separa la zona elevada del paseo de la arena de la playa. De un bote se pone en pié encima y estira su brazo derecho, lleva algo en él.
Ella no tarda en salir por el hueco que dejó.
-¿Qué haces? ¡Devuélvemelo!-
-Un colgante con forma de llave... Vaya casualidad.-Al mirar el colgante a contraluz de la luna, se da cuenta de que está llena. Se gira hacia la playa -La marea está...-
Ella aprovecha su despiste para acercarse lentamente y, de un salto le quita el colgante de la mano.
Al quitárselo, Él pierde el equilibrio y cae a la arena desde la altura del borde.
01:00 – Él se fija en el pecho de Ella, uno de los botones se había desabrochado y dejaba ver un colgante plateado... por alguna razón eso le llamó la atención.
-¿Qué miras?- Preguntó Ella.
-Ésto que tienes aquí, ¿Qué es?- Señalándolo con el dedo.-
Ella se incorporó para responderle, pero antes de que lo hiciera, Él la abrazó con fuerza mientras besaba su cuello y, mientras que ella suspiraba con los ojos cerrados y sin que se diera cuenta, le desabrochó el colgante.
01:06 – Ella baja por la escalera que lleva del paseo a la arena, mientras mira la silueta de Él en el suelo con cara de “no me lo trago”.
Cuando va a agacharse junto a él, éste se incorpora rápidamente y la tumba en la arena. Ruedan hasta que el queda encima, formando un arco sobre ella con sus brazos. La besa.
-¿No decías que no querías que nos viera la luna?- Le dijo Ella con una sonrisa burlona.
-Qué va, si es maja. Mira como nos ha dejado el mar.- Apoya su dedo índice en la barbilla de Ella y le gira la cara, en dirección al mar.
El agua parecía haber salido de su lugar, como liberada. Bañando la arena mas de lo normal como una suave manta apoyada sobre la arena que extendía la orilla. La mas bella marea alta que había visto jamás.
01:26 – Ambos se habían quitado los zapatos y andaban por el agua de la orilla, mientras hablaban de todo lo que no habían podido hasta aquel momento.
-Ojalá no estuviera tan fría el agua.-Dijo El.
-¿Tan fría te parece? A ver...- Ella se agachó y cogió agua con las manos, lanzándosela a El en la cara.
Al intentar apartarse para esquivarlo, su pié resbala con una piedra y cae, empapándose entero.
Ella rompe a reír.
Él se levanta con una falsa cara de enfado y pone una (falsa también) expresión de furia. Comienza a imitar un rugido animal y corre tras de ella, que continua riéndose mientras trata de esquivarlo.
Él la alcanza, la rodea entre sus brazos y caen juntos en la zona mas profunda. Los dos cuerpos se hunden.
Él la alcanza, la rodea entre sus brazos y caen juntos en la zona mas profunda. Los dos cuerpos se hunden.
Cuando emergen, son uno de nuevo.
Al separar sus labios y abrir los ojos, se vuelven a mirar fijamente. Lo único que escuchan son sus jadeos y las leves olas del mar que pasan entre ellos.
En un intento de parar algo invisible que parecía estar a punto de hacerles explotar, ella habla.
-Tu también tienes un colgante...- Mientras acaricia su cuello alrededor del colgante, El la mira de nuevo con esa sonrisa tan pronunciada, mientras apoya las palmas de las manos sobre su cara. La besa con fuerza mientras se dejan llevar de nuevo a la orilla.
02:25 – Ella abre los ojos, se había quedado dormida. Se viste con las prendas que yacían en la arena, a su lado, aún empapadas.
El estaba semidesnudo, de pié en la orilla. Un pequeño destello le hace darse cuenta de que tiene algo en la mano. Se palpa el pecho y no nota el colgante. “Otra vez me lo ha quitado”, piensa.
Se acerca y le pregunta:
-¿Me has vuelto a coger el colgante?
-Si, mira.- Sobre su mano izquierda estaba el colgante con forma de llave de Ella. En la derecha, el colgante que Él llevaba esa noche... una pequeña cajita plateada con una cerradura.- ¿Lo probamos?-
Ella asintió. Él Metió la llave en la cerradura encajando perfectamente y la giró, abriendo por primera vez aquel colgante.
-¿Qué hay dentro? - Se inclinó sobre su hombro para verlo.
Tan solo había dos diminutos cascabeles, sostenidos con dos cordeles.
-¿Quieres quedarte uno? -Pero antes de obtener respuesta ella ya le había quitado uno de ellos de las manos, le había intrigado lo pequeños que eran.
-Claro, uno es mio. sin la llave no podrías haberlo abierto.- dijo mientras trataba verlo de cerca.
02:46 – Estaban en pié juntos en el lugar donde, para ellos, había comenzado la noche. Donde también terminaría.
Se besan por última vez y los dos se giran, para no poder ver como se aleja el otro.
Cada uno toma una dirección, en aquel paseo marítimo que había sido testigo del arder de sus almas.
Mientras camina, él saca de su bolsillo el pequeño cascabel, y lo ata a su cuello. Cierra los ojos pensando en ella... al abrirlos, sus pupilas se habían vuelto felinas.
Ella termina de atar el suyo a su pulsera, mientras sus cabellos dejan paso a unas picudas orejas...
03:00 – Aquella noche, en aquel lugar, no había nadie. Tan solo un par de gatos que deambulaban bajo la tenue luz de la luna.

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