sábado, 14 de mayo de 2011

Prólogo - Mass Effect Rol de Mesa (El reloj Proteano)


En la Ciudadela... Sin duda se me antoja un lugar de reunión extraño para lo que, a todas luces, parece un trabajo clandestino.

Sea quien sea quien organizara ésto desde luego ha pensado bien en las consecuencias. La zona comercial del distrito de Zakera es, dentro de lo que cabe, una zona donde no es extraño ver un grupo tan pintoresco y extenso como el nuestro.
Conté unos veinte. Gente de razas variadas, claramente procedentes de puntos dispersos de la galaxia.

El anuncio era bastante ambiguo, estoy seguro de que el acertijo que incluía, revelando el punto de encuentro, era ya el primer filtro para que solo candidatos favorables pudieran optar a formar parte del proyecto.

Es mucho lo que prometían: Honor, formar parte de la historia, amasar una gran fortuna...
Suena raro que se organice algo de tanto renombre con tanto silencio, pero teniendo en cuenta que, quien sea que está al mando de ésta operación, toma como verídica la teoría de Shepard sobre los segadores... no me extraña que se oculte al consejo.

“Buenas habilidades” era uno de los requisitos. No se si lo considerarán como tal, pero mi punto fuerte siempre ha sido mi capacidad de observación... eso, unido a la capacidad de los de mi especie de recordar y revivir momentos pasados íntegramente, hacen que no me vaya tan mal ejerciendo de detective privado... ¿A quién pretendo engañar? Me va mal, es otra de las razones por las que estoy aquí. Dinero.

Estoy seguro de que cualquier turista o ciudadano corriente no se percataría en absoluto, pero mis ojos si. Algunos están sentados en la cafetería, otros fingen leer el periódico apoyados en la fuente, un par de ellos observan absortos el espacio por el ventanal. Incluso hay uno que finge tener una conversación telefónica. Aunque parecen gente normal yo puedo notarlo perfectamente, todos ellos están aquí para lo mismo.

Se abre un compartimento de Rapidtrans cercano del que sale una mujer, humana, de pelo largo y moreno, muy atractiva y bien vestida. Camina hasta el centro de la pequeña plaza y hace un gesto, un minúsculo gesto. El que todos estaban esperando.

Se sienta en un banco cercano y saca una PDA.
Todo ocurrió muy rápido. No se cual fue la razón, pero algo me hizo acobardarme. No se si noté que aquello estaba muy por encima de mis límites... o quizá fuera el relieve casi imperceptible de su cinturón... con el símbolo de Cerberus.

Fingí no tener nada que ver con aquel grupo y me dí la vuelta.
Lo último que hice antes de marcharme fue dar un rodeo con la vista, para ver el grupo de los que se habían quedado, aliviados o frustrados. Y la espalda del grupo que marchaba junto a la mujer, rumbo a la estación de atraque.

En aquel momento no tenía idea de la envergadura de aquella misión.

Me limité a desearles suerte en voz baja.

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