Aún recuerdo todo, con una claridad y una precisión milimétrica, como si fuera un video en tres dimensiones que puedo controlar como quiera proyectando su imagen directamente en mi cabeza.
Serían las cuatro de la madrugada, caminaba junto a Marina por la avenida mas rápida de vuelta a casa desde la tasca. Ella no se encontraba demasiado bien.
Pausa, Rebobina. Reproduce
Marina estaba apoyada sobre la barra, Miguel no paraba de molestarla, al parecer se había cansado ya de insistir en que me bebiera otra copa y, en su estado, seguramente ella era mas fácil de convencer.
Pausa, Avanza. Reproduce
Agarro a Marina con fuerza, no parece poder controlar los tumbos que da.
-Illo no veas como va esa, ¿No?- Escucho detrás mía.
Me giro y veo a un individuo de patéticas pintas. Iba en chándal, con una gorra sobre su cabeza a casi 90º, una cara de gesto desagradable en la que destacaban sus mejillas llenas de huellas de granos y una pronunciada barbilla con dos o tres pelajos de lo que parecía ser un intento de perilla.
Aunque estaba bastante claro(con tan solo un vistazo) que su madurez y edad mental no eran gran cosa, por su físico diría que tenía mi edad.
Me limité a ignorarle.
Pausa, rebobina más. Reproduce
No terminaba de entender como había dejado que Marina me arrastrase a aquel lugar, hacía meses que no salía y si, me gustaba estar con ella y con algunos de nuestros amigos, pero tenía claro que aquel sitio no era para mí. Tampoco es tan de extrañar que me acabara sintiendo incómodo de estar en un lugar donde servían garrafón con buenas etiquetas a paupérrimos precios para jóvenes y donde el ochenta por ciento de los tíos (incluidos mis supuestos amigos) se comían a mi novia con los ojos.
Pausa, Avanza. Reproduce
-Illo, ¿Tienes un cigarro?- Aquel tipo nos estaba siguiendo.
-No, no fumo.-
-¿Y esa?
-Tampoco tiene.
Pausa, Rebobina aún mas. Reproduce
Llamaron al timbre y poco después escuché como alguien subía a toda prisa la escalera.
La verdad, no me apetecía ver a nadie después de lo que me había pasado aquella mañana, pero mentiría si dijera que no me alegré al ver a Marina cuando la puerta de mi cuarto se abrió.
Pausa, Avanza. Reproduce
-Illo que dices, si la he visto fumando un montón de veces.
-No tiene.
Pausa, Rebobina... algo menos que la última vez. Reproduce.
Marina estaba sentada sobre mi cama, al lado mía. Sin duda su presencia me hacía sentirme mejor, pero mi cara seguía mostrando cierto grado de tristeza.
-Ya verás, esta noche vamos a salir. Hace ya unos meses que por culpa de las putas clases no vemos a nuestros amigos de siempre. Verás como te sentirás mejor.
Pausa, Avanza. Reproduce
-Illo pues dame un par de euros que le compre yo, ¿no primo?
-No llevo dinero.
-Si, venga.. que vas a ir con una tía del brazo a las cuatro de la mañana sin llevar ni un cigarro ni un triste euro... ¿Me estás vacilando o que?
Pausa, Rebobina mas, bastante mas. Reproduce.
Acababa de salir del cementerio. Estoy destrozado, incluso me atrevería a decir que mas que mi padre.
Si hay alguien a quien realmente respetaba y confiaba, alguien con quien de verdad compartía un vínculo inquebrantable, ese era mi abuelo. Me va a costar mucho tiempo aceptar que se ha ido.
Pausa, Avanza. Reproduce.
-En serio, no llevo nada... -
Aquella escoria saca una navaja y se pone delante nuestra, impidiéndonos seguir. Probablemente si Marina no hubiese estado así de borracha, habríamos salido ambos corriendo y la noche hubiera terminado poco después en mi casa, calentitos y abrazados.
Pero el gilipollas de Miguel la había presionado para que bebiera mas.
Pausa, Rebobina mucho menos. Reproduce
Miguel me miraba con cara de decepción.
-Tantos meses sin saber nada de vosotros y ahora vienes así y nos estás cortando el rollo mas que otra cosa.
-Joder, que ha perdido a alguien ¿eh? -Dijo Marina con toda la seriedad que el alcohol le permitía.
-Pues que lo encuentre y nos deje en paz.-Respondió Miguel entre risas que se le escapaban. Sabía perfectamente el vínculo que tenía con mi abuelo y que había fallecido hacía menos de cinco días.
Pausa, Avanza. Reproduce
Aunque nos miraba como si le interesara mas burlarse de nosotros que hacernos daño, lo cierto es que las piernas no me paraban de temblar.
Hizo ademán de acercarse a nosotros, y aunque retrocedí, el fue mas rápido.
Agarró de un tirón a Marina y fue a hacer la broma de tomarla como rehén poniéndole la navaja en el cuello. Desgraciadamente sus reflejos también estaban mermados, probablemente también había estado empinando el codo aquella noche.
No me dió tiempo a hacer nada.
Marina se le escurrió de entre las manos y se llevó un corte, vertical, justo en la yugular. Cayó de rodillas y se desplomó sobre el suelo, soltando sangre a borbotones. Me arrodillé a su lado de inmediato, en estado de shock.
Aquel imbécil dio dos pasos atrás y empezó a agitarse, nervioso, asustado, como un niño chico que acababa de romper un jarrón sin querer.
Marina soltaba leves gemidos constantes, escupiendo sangre mezclada con vómito. Me quité la chaqueta y le tapé la herida apretándola con fuerza. Hice lo que pude, pero no sirvió de nada.
Pausa, volvamos al presente.
-Hijo, escúchame bien, ésto es muy serio. Se que estás mal pero tienes que escucharme y hacer bien las cosas. Ésto te puede arruinar la vida.- Mi padre trata de hacerme entrar en razón, pero a mi no me importa. Ya NADA me importa.
-...
-Sabemos que querías mucho a Marina y no puedes soportar el haberla perdido, pero no querrás que ahora tu madre y yo te perdamos a ti, ¿Verdad?
Reproduce.
Me levanto. Me siento como si se me hubiera olvidado quien soy, que hora es, donde estoy, o incluso como mover mi cuerpo, como si no supiera nada.
Miro hacia delante y veo a aquel trozo de mierda mirando a Marina con los ojos abiertos de par en par y las manos en la cabeza. Sin duda arrepentido.
No me lo pienso porque no tengo nada que pensarme.
Corro hacia el y...
Pausa. Velocidad lenta. Reproduce.
Estampo mi puño en el lado izquierdo de su cara, noto perfectamente como su dentadura cede al otro lado de su mejilla, arrancando algún diente de cuajo.
El golpe le hace retroceder y golpea una valla de madera, que retumba bajo su peso.
Trata de incorporarse para defenderse pero antes de siquiera reaccionar al primer golpe, mi otro puño le revienta la nariz.
Me cae sangre en la cara, no me importa en absoluto.
No le doy tiempo a hablar, ni a respirar, ni siquiera a mirarme.
Mis golpes destrozan su cara sin parar. Aprieto mis dientes con tanta fuerza que me empieza a doler.
Pausa. Rebobina mucho, muchísimo mas. Velocidad normal, Reproduce.
Estoy en la tasca con mis amigos, me encanta salir con ellos.
Adoro los fines de semana, o los paso con mis amigos en la tasca, o con mi abuelo en su casa de campo.
Aunque la conocía de vista de antes, hoy me han presentado a Marina. No puedo dejar de mirarla.
Pausa. Avanza. Velocidad Lenta. Reproduce.
Uno de mis golpes le revienta el oído y le hace arrastrarse un par de metros hacia un lado. Aprovecha para tratar de huir pero su sentido del equilibrio es ya inexistente y da de bruces contra el suelo.
Salto sobre el notando como sus costillas se quiebran bajo mis rodillas, mientras vuelvo a retomar la sarta de golpes sobre el amasijo de carne ensangrentada en el que se estaba transformando su cara. Me dolían mucho los dedos. Seguramente me habría roto mas de uno, pero no tenía la mas mínima intención de dejar de golpearle.
Veo como uno de sus globos oculares se sale de la cuenca, para poco después reventar bajo mis nudillos. No paro, ni aminoro los golpes, en ningún momento.
Por algunas zonas, casi empiezo a notar el asfalto bajo la carne irreconocible de su rostro.
Ya no respiraba.
Stop. Guarda la cinta.
-No papá, no pienso hacerle caso al abogado.
….
…
..
En poco, muy poco tiempo perdí todo lo que quería en mi vida. Ahora me quieren quitar la libertad y ni siquiera me importa.
Me llamo V, tengo 23 años y odio este puto mundo.

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