viernes, 3 de junio de 2011

El Pueblo Duerme 2ª Parte

     Final del capítulo anterior:
Araceli acostumbraba a dormir toda la noche de una vez, sin embargo el miedo había hecho que llevara ya una hora dando vueltas en la cama, sin poder dormirse.
Decidió levantarse, con suerte su hermana aún no estaría dormida y podría hacerla sentir mejor.

Al llegar al salón, se cruzó con Estela, que salió de una puerta casi invisible, de la pared. Llevaba puesto un delantal con manchas de un líquido carmesí.
Araceli se quedó paralizada mirándola, como si acabara de ver un monstruo.
Con la cara en una mezcla entre sorpresa y rabia, Estela le dijo en voz baja apretando los dientes:
-Espera, Araceli. Vamos a hablar un momento. Ven...


Estela tomó de la mano a Araceli y la llevó al otro lado de la pared.

Los ojos se le pusieron como platos, observando la cantidad de cosas que había allí dentro, para ser una estancia tan pequeña. Botes de todo tipo llenos de extraños líquidos biscosos en los que descansaban ojos, dedos y diferentes miembros de animales muertos. Colgantes con diseños y materiales extraños. Dibujos esotéricos tremendamente complejos y precisos.
Al fondo, un enorme caldero que regurgitaba pompas que estallaban lanzando un líquido carmesí. De ahí procedían las manchas del delantal de Estela.

-¡Eres una bruja!
-¡¡¡Shhhhh!!! Ven, siéntate aquí.-

Araceli obedeció y se sentó en una pequeña silla de esparto.
Aunque el rostro de Estela había cambiado (parecía mas alegre), su hermana pequeña seguía algo asustada. Muy sorprendida aún.

-Toma, huele ésto. -Estela sonreía mientras desenroscaba un pequeño bote con una sustancia azul y se lo pasaba a su hermana.
-Estela... ¿No serás tu la que ha.... -Comenzó a decir antes de, al olerlo, caer fulminada... dormida.

La bruja la cogió en brazos rápidamente y la llevó a su cama.
Despues volvió a la sala secreta, descolgó de la pared y se ató al cuello un pequeño bolso con forma de globo ocular con tan solo dos pequeños frascos en su interior, devolvió el candil a su sitio (cerrando la puerta oculta) y salió a la calle aprisa pero en silencio.

La oscuridad terminaba de envolver cada rincón del pueblo.

Aunque hacía tiempo que la había cerrado, Javier permanecía dentro de su taberna. Ensimismado, pensando.
Tal vez tratando de hacer memoria para recordar si alguien pasó por delante de allí la noche anterior, o tal vez pensando algo mas... retorcido.

La madrugada bañaba de oscuridad todo Saint-Piereg cuando se escuchó un aterrador grito.

Estela corrió hacia la procedencia del grito: La taberna.

Cuando llegó, vio el cuerpo de Javier tirado sobre la puerta, con un corte transversal en su espalda, a la luz de un farolillo roto en el suelo que seguramente portaba cuando le atacaron.

Algo llamó la atención de Estela, parecía tener algo clavado en la herida.
Se inclinó para verlo mejor cuando escuchó un sonido detrás suya.

Como por acto reflejo, metió la mano en su bolso y sacó uno de los frascos, tirándolo con fuerza contra la criatura que estuviera a su espalda.

El frasco estalló en un fogonazo rojo contra el pecho de Sonia, la mujer de Javier.
Su marido tardaba demasiado en llegar a casa, y decidió ir a buscarle a la taberna.

Estela sufrió un ataque de pánico, se quedó paralizada. Había matado a una inocente.

Una inesperada tos de Javier la devolvió a la realidad. Estaba vivo. Se retorcía y agitaba de dolor mientras miraba de reojo la escena o lo que podía de ella en la oscuridad.

La había visto matar a su esposa. Se vio acorralada, no sabía que hacer.
En medio de la noche, quizá le daría tiempo a recoger lo que pudiera de su casa y marcharse con su hermana del pueblo antes de que amaneciera. Hernando la dejaría pasar si afirmaba querer huir del pueblo por miedo de lo ocurrido a Roberto... pero no podía, no podía irse del pueblo así. Necesitaba tiempo así que lo mas prudente, de momento, parecía ser irse de allí.

Retrocedió varios pasos y se giró, dispuesta a echar a correr.

-Quieta. -La voz de Ángel, que apareció de la nada portando su arma, sonaba mas firme y tranquilizadora de lo habitual.

Estela levantó los brazos, resignada.

Por el otro extremo de la calle (probablemente desde la frutería) apareció Rodrigo con un candil en una mano, y su arma en la otra.

-¿Pero que es esto? ¿Es que en este pueblo no duerme nadie? -Clamó al tiempo que, tras echar un vistazo a la situación, apuntaba también a Estela, decepcionado.

Llegó el amanecer y todo el mundo en el pueblo conoció la noticia.
La bestia había sido atrapada, era una bruja: Estela.


Esta vez nadie faltó a la asamblea.

La sala principal del ayuntamiento estaba abarrotada, tras la gran mesa del fondo, el Alcalde la presidía. A su lado derecho, Rodrigo custodiaba a Estela, encadenada, que parecía tan esimismada como si no fuera consciente de donde estaba. Al otro lado del alcalde, estaba sentado Javier, aún malherido, bajo la protección de Ángel.

Sobre la mesa, las pruebas. Trozos de vidrio que aún contenían gotas de la potente poción que impactó contra Sonia y un extraño puñal, aún manchado con la sangre de Javier. La particular forma del puñal (muy parecido al colmillo de un gran animal) explicaba no solo las heridas de Javier, sino también las que tenía el cadaver de Roberto o las marcas sobre la mesa de la panadería.

Aunque hacía rato que la reunión debería haber empezado, era tal el bullicio que había que nisiquiera se escuchaba la voz del alcalde, que trataba de poner orden.

Un fuerte golpe sonoro de su bastón sobre la mesa logró lo que su voz no había conseguido.
El pueblo calló y prestó atención.

-Supongo que ya todos sabéis la noticia... ésta noche ha muerto una de nuestras vecinas. Las circunstancias son tan extrañas como la primera muerte, pero esta vez tenemos testigos.
-¿Y por qué demonios no la estamos quemando ya? -gritó Yago.
-Un poco de calma, por favor. Dejémosle la palabra a Javier, el principal afectado y testigo.

Javier explicó alterado como, tras cerrar la taberna con llave, alguien le hizo un largo y profundo corte en la espalda. Cuando cayó al suelo y logró girarse agónico, vio a Estela detrás suya, que portaba un puñal en la mano, lanzar la extraña poción contra Sonia. Seguramente para eliminar testigos.

-Y sin embargo, Estela afirmó no haber tocado en ningún momento el puñal... -La voz de Yeray rompió el silencio. -Me he tomado la libertad de investigar algo mas...
-¡¿Y creeis a una bruja?! -Javier se puso en pie, dificultando el trabajo de Ángel, que aún estaba terminando de vendarle bien las heridas.
-No digo que la crea a ella antes que a tí. Solo digo que la situación es sospechosa. Si tenía en su mano el puñal... ¿Por qué usó la poción? Podría haber apuñalado a Sonia directamente, en lugar de dejar pruebas diferentes de las que ya había dejado cuando supuestamente asesinó a Roberto o te atacó a tí. -Prosiguió el cazarrecompensas.
-He de reconocer que eso tiene sentido... -Comentó el alcalde.
-Entonces deberíamos seguir buscando al asesino. Debió de ser alguien más que salió anoche. -se oyó decir a Elan, tajante.
-Tal vez, aunque tengo una teoría... -Yeray se hacía el interesante.
-Compártela, pues. -Rodrigo había seguido el debate en silencio hasta este momento.

El alcalde le hizo un gesto a Yeray para que se levantara y se acercara a la mesa, invitándole a explicar con detalle sus dudas delante de todo el pueblo. Así lo hizo.

-Primero, quisiera preguntarle... -Dirigiéndose a Javier- ¿Por qué cerró la taberna casi dos horas mas tarde de lo habitual?
-Estuve pensando, intentando recordar si vi a alguien la noche que mataron a Roberto. Tratando de hacer memoria. ¿Qué quiere insinuar?
-Solo me preguntaba... ¿Cual sería la coartada perfecta para no ser acusado de ser el lobo? Ser atacado por el.
-¿Insinúa que me corté yo mismo? -El rostro del tabernero dibujó una mueca de asco e incredulidad. -¿En la espalda?
-Eso es ridículo. -se oyó decir a alguien en la sala antes de que el alcalde le callara pidiendo silencio, sin apartar la mirada del cazarrecompensas.
-¿Reconoce éstas fotografías? -Yeray sacó varios papeles arrugados de la bolsa que llevaba atada a la cintura. Tres fotografías en blanco y negro bastante difusas, pero que dejaban ver el objeto fotografíado.
-Es la puerta de mi taberna. -Contestó Javier.
-Se me dan bien éstas cosas, pero por favor no me crean a mí. Si no me equivoco, Yago (el mejor cazador de éste pueblo) fue quien analizó el puñal y lo comparó con las marcas de dentelladas en la mesa de la panadería... -el cazarrecompensas se giró mirando las sillas donde se sentaban todos los vecinos- ¿Podría venir aquí, por favor? -Dijo tras detener su mirada en Yago.

Yago se puso en pié y se acercó a la mesa.
Tras un rato de deliberación mirando las fotografías. Afirmó que la puerta tenía marcas que claramente decían que algo había sido clavado en ella.

Yeray mostró el puñal, cogiéndolo de la mesa. La empuñadura de éste tenía también una pequeña hoja puntiaguda.

-Pudo sujetar el puñal en la puerta clavando su empuñadura en ésta y hacerse la herida de la espalda usted mismo.
-¡¡Eso es el colmo de lo retorcido!! ¡¡Esas marcas pueden estar ahí por mil razones!!-Javier enfureció.
-¡¡¿¿Y por qué parece tan poco afectado??!! ¡¡Ha muerto su mujer, por amor de Dios!! -El cazarrecompensas también perdió los estribos, como si hubiera estado conteniendose todo este tiempo.

La cara de Javier adoptó una mueca de tristeza.
-Hacía tiempo que las cosas no iban demasiado bien entre nosotros... bueno, al menos para mí. Seguramente no fue a la taberna preocupada por mi... sino esperando encontrarme con otra persona. ¡Pero eso no quiere decir que no lo sienta! Solo estoy algo conmocionado aún...

Toda la sala quedó en silencio. Habían escuchado antes rumores sobre ello, pero sintieron apuro y vergüenza por haber hecho a Javier tener que reconocerlo delante de todos.

-Mire... le agradezco que comparta sus teorías con nosotros. -Víctor terminó la conversación. -Pero no se ofenda, tiene mucho mas sentido que Estela sea la asesina. Mis dos mejores gendarmes llegaron a la escena del crimen a tiempo y la única persona que había allí, a parte de los afectados, era Estela. Que por otra parte no solo no tenía razón para estar en pie, sino que ha resultado ser una novia de satanás... una bruja. Y eso ya es suficiente motivo para hacer justicia. -El alcalde fue claro y conciso. -El destino de Estela será sometido a votación.

Casi al unísono, el pueblo votó por la muerte de Estela.

-¡¡¡¡NOOOOOO!!!! -El grito entre llantos de Araceli hizo pedazos el silencio que se formó al pronunciarse el veredicto. Pero nada cambiaría el resultado.

La sala se quedó vacía y el pueblo volvió satisfecho a casa, sintiéndose mas seguro.

Rodrigo acompañó a Estela, aún encadenada, a la zona trasera del ayuntamiento, junto al cementerio, donde sería ajusticiada. Debía llevarla hasta la horca, a pesar de que él fue una de las pocas personas que no votó por su muerte.

-¿Me puedes hacer un favor? -Le preguntó Estela mientras caminaban. Rodrigo asintió.

Se desviaron un poco del camino, hacia el cementerio, donde la tierra sobre la tumba de Sonia aún estaba fresca.
-Lo siento... -Dijo la bruja en voz baja mientras la contemplaba.

Cuando retomaron el camino hacia la horca, Rodrigo no aguantó mas y le preguntó:
-¿Por qué no te defendiste en la asamblea?
-.... porque, de un modo u otro, es culpa mía.
-¿Qué quieres decir?
-Para una de mis pociones, necesitaba sangre de Licántropo. El día que la conseguí, me detuve en la pastelería de Celia, de camino a casa (Araceli me pidió un pastel). Debió ser allí donde el tapón se cayó. Seguramente impregné uno de los pasteles expuestos con la sangre. La persona que se lo comiera se transformó en un hombre-lobo.
Comencé a trabajar en un antídoto, pero al no ocurrir ningún incidente dejé de hacerlo... pensé que quizá nadie se había contagiado.... hasta que ocurrió lo de Roberto.
-Entiendo... -Rodrigo la escuchaba con total atención.
-No podía permitir que matara a mas gente, por eso salí en su búsqueda anoche.

Llegaron a la zona de la ejecución. El Alcalde, Yago, Elan y Araceli estaban presentes.

Rodrigo miró a Araceli, y luego a Elan.
-No creo que sea conveniente... -le susurró a éste último.

Elan asintió y, a regañadientes de ella, se llevó a Araceli a casa, para que no presenciara la escena.

-¿Me haces un último favor? -Dijo Estela antes de subir los escalones hasta la horca.
-¿El qué? -Preguntó Rodrigo.
-Quédate ésto -Respondió la bruja mientras deslizaba un pequeño bote con un líquido verde por el bolsillo de la camisa del gendarme sin que nadie mas se diera cuenta -Con él podrás salvar a algún inocente, en lugar de matarle como hice yo.

Antes de que el sol comenzara a marcharse, la palanca de madera dejó que el cuerpo de Estela quedara colgando de la horca.


Tras la ejecución y el entierro, los dos gendarmes se quedaron solos, recogiendo.

-Angel, hay algo que no consigo sacarme de la cabeza... -dijo Rodrigo.
-¿El que? -Respondió su compañero.
-Sabías que anoche me tocaba a mi patrullar... ¿Por qué estabas en la calle?
-No podía dormir, y estaba preocupado... Qué mierda lo de Estela, ¿Eh? Yo creo que nadie se lo esperaba.
-Si, es una pena...

Antes de ponerse el sol, Estela ya descansaba para siempre en su tumba, y el cementerio estaba completamente despejado.

-Por favor, cálmate. -Las palabras de Elan estaban cargadas de ternura.

Araceli seguía llorando sin consuelo, sentada sobre la mesa del comedor de la casa del herrero.
Annie, la anciana madre de Elan, entró a la habitación con una bandeja en la que portaba un vaso de leche caliente y unos pasteles.

Elan cogió uno y le tendió otro a Araceli.
Aún con lo apenada que estaba, el hambre podía con ella, no había comido nada en todo el día.

Cuando Araceli devoró el pastel y se bebió la leche, pareció mas dispuesta a calmarse.

Elan la acompañó escaleras arriba cogiéndola dulcemente de la mano hasta una de las camas del piso superior.
-Quédate por favor, no quiero dormir sola. -Elan sonrió y se tumbó a su lado, abrazándola hasta que ambos se quedaron dormidos.


En medio de la madrugada, Araceli despertó de golpe. Tuvo una pesadilla en la que Estela era atacada por una bestia horrible delante de ella. De algún modo, ese sueño la llenó de una determinación que eliminó cualquier miedo.

Nadie en el pueblo conocía la estancia secreta en su casa, y estaba segura de que Estela habría dejado allí alguna pista o algo que pudiera servir... tal vez incluso (pensó ilusamente) algún tipo de poción que pudiera devolver a la vida a su hermana.

Se soltó de los brazos de Elan, procurando no despertarlo y se marchó corriendo en medio de la noche rumbo a su casa, sola.

Abrió la puerta con la llave que siempre escondían bajo el felpudo. Cogió una vela de la cajita de la entrada y la encendió con una de sus cerillas.

Ya en el escondite de su hermana, intentó leer a la luz de la vela todas las notas que encontraba, pero no lograba descifrar ninguna.

Un libro le llamó la atención. En la portada aparecía una bestia muy parecida a la de su sueño. Tuvo una corazonada, lo abrió esforzándose para tratar de entender la simbología de su interior, pero era inútil. Pensó en llevarse el libro y mostrárselo a otra persona que quizá pudiera entenderlo cuando un estruendo le hizo soltarlo: Algo había hecho añicos la puerta principal.

Araceli se escondió bajo una mesa abrazada al libro y rezó porque aquella cosa no encontrara la sala secreta...


...Continuará.

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