miércoles, 1 de junio de 2011

Hablé con el Ángel.

Con mis pulmones llenos de aire, estoy dispuesto a dar el último paso. El paso en falso que me hará precipitarme.

La densa masa de aire de varios centenares de metros de altura es lo único que se antepone entre mi cuerpo y las rocas. Entre éste momento y mi fin.

No odio este mundo. De hecho lo adoro. Amo cada rincón de él. Cada ser que lo habita.

Incluso aquí, ahora, a punto de quitarme la vida, soy capaz de apreciar el precioso color azul del cielo, el verde de los árboles, la suavidad con la que las nubes se mueven sobre mi y a mis pies, arrastradas por la brisa que acaricia mi rostro... todo. Pero no formo parte de ello, esta belleza infinita no es para mi. Me siento dichoso por poder admirarla, pero no es mía.

No es la reflexión mas bonita que he hecho en mi vida, pero es la última. Podría ser peor, supongo.

Una mano empuja mi pecho, impide que deje caer el equilibrio hacia delante, impide dejarme caer.

El ángel abre los ojos ante mi y me pide que me siente. No tengo nada que perder.

Me cruzo de piernas sobre la fría roca.

V: ¿Qué quieres?

Ángel: ¿Por qué quieres morir?

V: Yo no quiero morir. Quiero liberarme.

Á: ¿Liberarte de que?

V: De un mundo en el que no puedo ser yo mismo, donde para vivir necesito una parte de mi que no soy yo.... De una vida que no me pertenece.

Á: Claro que te pertenece. Tu vida siempre te pertenece vivirla. Quizá aún no has encontrado lo que debes encontrar. Y si le pones fin nunca lo harás.

V: Sé que nunca lo haré. De nada sirve buscar peras en un manzano...

Á: Quizá lo que ocurre es que no debes buscar peras, sino apreciar las manzanas.

V: ¡Claro que las aprecio! Adoro todas las manzanas. Me encanta su sabor...
Disfruto de la vida, ese no es el problema. Lo que ocurre es que lo que realmente necesito no existe.

Á: ¿Y que es lo que necesitas?

V: No lo se. Lo único que conozco es éste mundo, y aquí no está.

Á: ¿Encontrar a un alma gemela, quizá?.

V: Si, en el pasado también creí eso. Y estuve enamorado en mas de una ocasión. Pero me daba cuenta de que no solo no desaparecía esa carencia, sino que ésta era completamente independiente e invisible para mi pareja.
El mundo es demasiado.. físico. Para todo el mundo no soy mas que las paredes que ven, paredes que muestran dibujos de alegrías, tristezas y demás emociones humanas.

Á: Entonces, lo que necesitas es un fantasma que atraviese esas paredes, ¿No es así?

V: No. Lo que necesitaría sería un alma que pudiera ver a través de ellas, que pudiera ignorarlas. Que viera mi verdadero rostro.... Pero no existe tal ser. Nadie me ve, ni me entiende. Pero no es culpa de ellos, no pueden hacerlo.
Solo se percibe lo que los cinco sentidos dejan percibir. Y no son suficientes para ignorar mi cáscara. Por eso estoy vacío y nada entra en mí.
No tienes idea de la tortura subliminal que es vivir así.

Á: Te conozco. Y eso que dices no es cierto. Dices que estás vacío, pero te veo reír y disfrutar de la vida como cualquier otra persona.

V: Dije estar vacío, no que no pueda disfrutar. Me gusta formar recuerdos. Me gusta, como ya te dije, apreciar todo en la vida. La belleza que ésta desprende... Y no hay nada mas bello que las personas que uno quiere y compartir el tiempo con ellas.

Quizá con éste ejemplo lo entiendas:
Imagina una bolsa de pipas

Á: ¿Una bolsa de pipas?

V: Si. De esas que vienen peladas.
Todas las pipas permanecen juntas en la bolsa, y son bañadas por la sal.
Las pipas serían las personas, y la sal, sus vivencias.

Á: Entiendo. ¿Y tú...?

V: Yo sería una pipa mas, solo que sin pelar.
Mi cáscara evita que me impregne de sal... pero esa cáscara también es parte de mí, también tiene sus vivencias, sus alegrías, sus tristezas... Necesito romper esa cáscara, pero dentro de la bolsa no hay nada que lo haga.

Á: Eso es triste

V: ¿Por qué?

Á: Lo que dices... es como si tu vida no fuera vivida por ti, sino por otra persona. Otra persona que no existe, que no es mas que un puñado de ideologías y formas de ser que tu mismo has ideado. Pero no eres tú realmente.

V: Veo que lo vas entendiendo.

Á: Pero, si no eres tú... ¿Significa que no te sientes identificado contigo mismo?

V: Mmmm.. depende de la situación. Me gusta usar ejemplos, te pondré otro para ésto:
¿Has jugado alguna vez al teléfono?

Á: ¿El teléfono?

V: Varias personas se ponen en círculo y el primero susurra algo al oído al siguiente. El susurro va avanzando de una persona a otra, hasta que la última recibe el mensaje. Aunque casi siempre cambia un poco al pasar de boca en boca.
Lo que yo deseo hacer o ser es lo que piensa la primera persona, mientras que lo que acabo haciendo es lo que reciben los demás jugadores.

Á: No lo entiendo.

V: Volvamos al ejemplo de la pipa. Lo que la pipa interior desea es comunicado a la cáscara. Esta cáscara tiene estímulos e impulsos distintos al estar en contacto con la sal, así que adecua ese deseo a su condición... y de ahí nace el acto o sentimiento.
Originalmente es mío, pero de nuevo todo se queda en la cáscara. Tanto el acto en sí como su consecuencia.

Es.. como vivir viendo una teleserie en la que puedes sugerir constantemente cambios de guión... que pueden ser aplicados mejor o peor, e incluso pueden no ser escuchados.

Á: Pero aún así tienes mucho que aprender de la vida. Eso no es razón para querer suicidarte.

V: No quiero suicidarme. Quiero quitarme la vida.

Á: Eso es lo mismo.

V: No, no lo es. O puede que si. Pero no porque signifique lo mismo, sino porque una cosa implique la otra.
Quiero quitarme la vida, porque la tengo sin tenerla. Quiero quitársela a mi cáscara, romperla. Y quizá el único modo de hacerlo sea morir.

Á: Esa no puede ser la solución.

V: No lo se, pero en la vida tampoco está.

Á: Quizá no la has encontrado aún pero si que esté. ¿Por qué tanta prisa en terminarla?

V: He vivido mucho tiempo teniendo esa sensación de vacío en mi interior. Llevo años intentando taparla. Con amistad, con romances, con objetos físicos o caprichos. Y nunca funcionaba, todo era consumido por ese vacío. Hice sentir mal y decepcioné a personas a las que quiero por su culpa.

Creía que no era mas que un egoísmo insaciable que tenía en mi interior, me convencí de que simplemente tenía que aprender a vivir con ello... Hasta que comencé a tratar de entenderme. Comencé una introspección a través de meditación y conocimiento. Miré dentro de mi mismo y quedé aterrado con lo que vi.

Á: ¿Qué viste?

V: Me vi a mi mismo de niño, solo, mugriento, mutilado, sucio, desesperanzado. Tiritando de frío en la esquina de una oscura habitación. La cáscara miró dentro de si misma y vio la pipa del interior. Sola, sin sal, sin ningún contacto con el exterior. Sentí tanta piedad de mi mismo que juré por encima de cualquier cosa el luchar por hacer pedazos la cáscara que soy.

Entendí por qué cuando alguna vez había logrado abrir alguna pequeña brecha en esa cáscara, lo único que había salido de ella era dolor, los gritos de ese niño pidiendo que aliviara su dolor.  Ya no podía volver a ignorarlo como había hecho hasta ahora.

- - -

El Ángel enmudece. No porque no tenga nada que decir, pues sigue sin estar de acuerdo conmigo. Pero mi determinación es tan fuerte que le impide hablar.

Me pongo en pié de un salto y le dirijo mi última sonrisa.

Ando lentamente hacia el borde y me coloco de espaldas, echándome hacia atrás.

Caigo tan rápido que dejo atrás incluso mis pensamientos, que no alcanzo a retenerlos lo suficiente como para meditar sobre ellos. Una paz firme y absoluta me invade.

Logro distinguir lo que es la felicidad, unos instantes antes de que mi cáscara, mi cuerpo, mi vida, queden destrozados sobre las rocas del valle.

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