martes, 21 de junio de 2011

El Pueblo Duerme 5º Parte


Final del capítulo anterior: 
Carmen caminaba hacia la puerta cuando volvieron a llamar, con algo mas de fuerza.
-Vaya impaciencia.. -dijo en voz baja justo antes de que, nada mas girar el pomo, la puerta se abriera de golpe, catapultándola hacia atrás.




Había sido un día duro. Aunque había recopilado muchas pruebas que apuntaban a diferentes sospechosos, aún no había sacado nada en claro. Rodrigo se cubrió los ojos con una toalla y se hundió un poco mas en el barreño de agua caliente, relajado... pero no se podría permitir evadirse por demasiado tiempo.

Carmen se levantó lo mas rápido que pudo, para ver al lobo frente a ella.
La descarga de adrenalina que sufrió le permitió analizar la escena con frialdad “Las pruebas”, pensó.

Corrió hacia la mesa y y la volcó, tirando las pruebas al suelo, ocultándolas bajos los muebles.

El lobo se abalanzó sobre ella, pero tuvo tiempo de coger una silla y bloquearle con ella. La garra del lobo convirtió la silla en astillas.
Carmen retrocedía mirando hacia su espalda. Vio la funda del arma de rodrigo y la cogió. Cuando estaba preparada para sacar la pistola y disparar a la bestia, comprobó que la funda estaba vacía, quedándose totalmente indefensa.

El lobo partió el cuello de Carmen como si fuera un palillo.

Mientras iba perdiendo la consciencia, Carmen (arrepentida de no haber gritado cuando pudo) contemplaba desde el suelo como el lobo trataba de recuperar los objetos de debajo de los muebles, sin éxito (la complexión de su cuerpo no se lo permitía).
Cuando empezó a destrozarlos, el alboroto fue tal que se vio obligado a marcharse de allí, pues mas de una docena de vecinos se acercaban a la casa, portando antorchas.

La muerte de Mirabay había puesto a todo el pueblo en estado de alerta continua, el mas mínimo ruido era suficiente razón para coger lo primero que se tuviera por delante como arma y echarse a la calle.

El lobo soltó un rugido y golpeó a Carmen en el costado, con rabia, justo antes de marcharse sin lo que había venido a buscar.

Rodrigo escuchó el ruido y salió del baño liado con una toalla. La histeria que sufrió al ver a Carmen fue tal que no se percató del tumulto que correteaba las calles.

Carmen se moría, no sabía que hacer. Empezó a mirar a todos lados, contemplando los destrozos y esperando buscar una solución milagrosa en cualquier sitio.

-¡La poción de Estela! -Gritó como si se le iluminara una bombilla.

Buscó su chaqueta y recuperó la pequeña botella con el líquido verde. Sin pensárselo dos veces, vertió el contenido en la boca de Carmen haciéndoselo tragar.
Aunque seguía sin moverse ni abrir los ojos, milagrosamente, comenzó a respirar de nuevo.

En la calle, la multitud siguió al lobo hasta perderle de vista, logrando escapar.


Unas horas mas tarde, el gallo cantó en Saint-Piereg.

El alcalde, el cazador, el herrero, y los dos gendarmes hacían compañía a Carmen, aún inconsciente (pero viva) en una de las camas de la casa de Rodrigo.

-¿Seguro que no viste nada? -Preguntó Víctor, por tercera vez.
-Seguro. Cuando salí del baño el lobo ya se había ido. -Respondió Rodrigo otra vez.
-Ajá... ¿Y ella? -El alcalde se quedó fijo mirando a Carmen.
-No lo se... No lo sabremos hasta que despierte.
-Aún no me creo que tuvieras una poción que resucite... -Yago parecía no querer creérselo.
-Como ya he dicho, me la dio Estela.
-Dado que Carmen ha sobrevivido, será mejor no convocar ninguna asamblea hoy. Es preferible no agitar mas al pueblo... demasiado alterado está ya. -El alcalde parecía preocupado- Será mejor que continúes con la investigación, Rodrigo.
-Con todos mis respetos, no pensaba apartarme de la cama hasta que Carmen se recupere.
-Yo puedo quedarme a cuidarla. -Dijo Yago.-Si fuera necesar...

Pero no acabó la frase, todos se giraron hacia la puerta de la habitación, que se abrió de un portazo.

-¿Jan? -Dijo Elan entrecerrando los ojos.

Pero no obtuvo respuesta. Jan, vestido con su uniforme del ejército y portando un periódico en la mano, entró por la puerta y se fue directamente hacia el alcalde, tumbándolo de un puñetazo.

-Qué cojones... -Murmuró el alcalde llevándose la mano a la cara.

Jan le tiró el periódico que llevaba en la mano. En primera página dejaba ver un artículo: “El pueblo maldito” por Ainhoa Saura. Los artículos de la periodista habían llegado fuera del pueblo, y lo ocurrido en Saint-Piereg había sido oído incluso en Nueva Campana, lugar donde Jan estaba destinado en éstos momentos.

-¿Has matado a Estela, cabronazo? -Dijo el militar antes de darle una patada en el costado.

Ángel y Rodrigo se apresuraron a evitar que siguiera golpeándole. Elan se levantó y cogió a Jan por los hombros, para tratar de tranquilizarle. Yago, desde una esquina de la habitación, contemplaba la escena con indiferencia.
-Fue ejecutada porque mató a una persona, y por ser bruja... -Elan trató de hacer entrar en razón a Jan.
-¡Mi mujer nunca le habría hecho daño a nadie!
-Elan, déjame hablar con él. -Rodrigo, que fue la última persona que mantuvo una conversación con Estela, agarró a Jan por el brazo y se lo llevó a otra habitación. Debía explicarle lo que tan solo el sabía: que un error de Estela fue el causante de la aparición del licántropo.
Mantuvieron una larga charla, en la que el gendarme le explicó todo lo ocurrido, desde la muerte de Roberto hasta el ataque sufrido por Carmen la noche anterior.

Jan lo supo aceptar y, aunque su rabia no cedió, se sintió identificado con la posición de Rodrigo al tener a su amada, Carmen, malherida.

-¡Rodrigo! ¡Ven! -La voz de su compañero lo llamaba desde el otro cuarto.

Cuando el gendarme llegó al cuarto, vio con sorpresa que Carmen había abierto los ojos. Se acercó rápidamente a ella y la besó.
-Escuchame.. -dijo la frutera en un suspiro casi sin fuerzas.- El lobo llevaba un delantal... estoy segura de que no era el de Roberto. Era uno grueso. Los de panadero son algo mas finos y...-

Antes de terminar la frase, volvió a desmayarse.

Rodrigo la volvió a besar, ésta vez en la frente, y echó un vistazo a la sala. Nadie había oído lo que Carmen había dicho, y era mejor que así fuera.

-¿Qué te ha dicho? -Yago, apoyado en la pared con los brazos cruzados, le miró con intriga.
-No seas cotilla. Seguro que es personal. -El herrero corrigió al cazador.

Tras saber eso, Rodrigo no podía quedarse parado, y ya sabía de sobra que no podía confiar en nadie mas: Tenía que continuar con la investigación.

-Podéis marcharos a seguir con vuestras cosas. Yo seguiré con la investigación. No os preocupéis por Carmen, Jan se quedará protegiéndola. ¿Quién mejor que un capacitado militar? -Afirmó Rodrigo.

Cuando todos salieron por la puerta, el alcalde se le acercó.
-Tal vez sería mejor que te quedaras aquí con ella. Yo no me fío de Jan... No te preocupes por la investigación, yo podría llevarme las pruebas y tus apuntes y continuarla. No tendría que saberlo nadie mas.
-Gracias, pero prefiero continuar con ésto yo solo.

Cuando Jan aceptó proteger a Cármen, Rodrigo se puso en marcha.
La primera parada del gendarme sería la zapatería. Daniel no solo usaba un delantal grueso, sino que se citó con él la noche anterior y el único que apareció fue el lobo. Además estaba el tema de los zapatos...

La zapatería estaba cerrada.

Tras hablar con Hernando para asegurarse de que el zapatero no había abandonado el pueblo, decidió buscarlo en la taberna.

-Buenas, Javier. ¿Has visto a Daniel?

El tabernero echó un vistazo a las mesas a la vez que el gendarme.
-No, no está aquí.
-¿Pero ha pasado por aquí al menos? -Insistió Rodrigo, acercándose a la barra.
-No le he visto en todo el día... Oye Rodrigo, ¿Tienes un momento? -Preguntó el tabernero, evitando que el gendarme se marchara.
-Claro, dime. -Respondió el gendarme, sentándose en una de las banquetas.
-Hay algo que me llamó la atención. Verás, anoche vieron al lobo en la calle. Y, según me han contado, un grupo de vecinos lo persiguieron... ¿Donde demonios estabais tu y Ángel?
-Anoche le tocaba guardia a Ángel. Hablaré con él. Quizá estaba en el otro extremo del pueblo o algo...
-No lo creo, el barullo que se armó se escucharía hasta en el último rincón de Saint-Piereg.
-Bueno, si ves a Daniel dile que le estoy buscando. -Se despidió el gendarme. No le gustaba la insinuación que le acababa de hacer Javier.

Casi había cruzado la puerta cuando reparó en algo.
-Oye... Ese delantal que tienes ahí colgado en la pared... ¿No es mucho mas grueso que el que llevas?
-emm.... Si, mas que éste sí. Lo uso cuando tengo que freír algo grande. No sabes las quemaduras que me hacía con el fino -Dijo pellizcándolo. Al ver el gesto de duda del gendarme, el tabernero prosiguió -Aunque bueno, ese lo estrené ayer. El otro mas usado que tenía me lo robaron hace unos días.
-¿Quién?
-Si lo supiera, no habría tenido que usar el nuevo. Lo habría recuperado.


Tras marcharse de la taberna, Rodrigo pensó en recoger su arma. Aún la tenía Yago.

Esta vez, la puerta de casa de cazador estaba cerrada. El gendarme llamó con fuerza.
Una pequeña raja de la puerta se abrió, sujetada por la cadena interior. A través de ella se asomó la mitad del rostro de Yago.
-Ah, hola Rodrigo... ¿Qué quieres?
-¿Arreglaste mi arma?
-Pues.. te lo iba a decir esta mañana. -Dijo el cazador, apretando los dientes.-Aún no la he podido arreglar. El gatillo está hecho una porquería. Pero le he pedido a Elan que lo arregle... tenía un molde por ahí.
-Vaya..
-Si no es mucho pedir, ¿Podrías recogerlo? Si me la traes termino de arreglártela. Yo estoy ocupado con un par de ciervos que he atrapado.
-Estoy con la investigación, pero creo que la herrería está de camino a mi siguiente parada. Está bien.
-Gracias
-A ti, por arreglármela.

La herrería estaba a medio camino entre la casa del cazador y la zapatería, donde Rodrigo volvería a comprobar si Daniel había vuelto.

-Buenas tardes Elan... Hola, Ángel -El gendarme se sorprendió de encontrar allí a su compañero.
-¿Qué tal, Rodrigo? -Le saludó Elan con una sonrisa, mientras continuaba afilando un puñal.

Ángel parecía nervioso, no paraba de hacer vibrar la pierna.
-Hola. ¿Arreglaste ya tu arma? -Le preguntó a Rodrigo.
-Aún no, de hecho a eso venía...
-Eso es -Dijo Elan.-En seguida te lo doy. Hacía tiempo que no hacía trabajos tan pequeños.
-¿Y tú que haces aquí? -Preguntó Rodrigo a Ángel.
-Nunca se está lo suficientemente seguro. Vine a que Elan me afilara el puñal -Dijo el gendarme justo cuando Elan se lo devolvía ya afilado.
-Déjame que vaya a buscar lo tuyo. -Elan se metió en la trastienda.
-Me han comentado que anoche cuando el lobo fue visto y perseguido, no te encontraron por ningún lado... -comentó Rodrigo a Ángel.
-Si, bueno... justo me fui a casa a cambiarme de zapatos. No aguantaba mas -Respondió su compañero alzando el pie, mostrando sus viejos zapatos de siempre. -No vuelvo a aceptar un regalo... Bueno, nos vemos Rodrigo. Esta noche te toca a ti la guardia, ¿Eh?

Ángel se marchó, perdiéndose por el fondo de la calle.

Rodrigo, esperando que Elan volviera con la pieza, se puso a mirar las distintas armas y trabajos sobre metal que tenía colgados el herrero. Tan ensimismado y atraído que acabó metiéndose él también en la trastienda, sin darse cuenta.

-¡Hey! ¿Te has quedado embobado? Jajaja -El Herrero se percató de la presencia del gendarme.
-Tienes cosas increíbles aquí colgadas.

Rodrigo detuvo su vista en dos grilletes enormes anclados en la pared.

-Los forjé hace unos días. Si esa bestia me pilla despierto, ten por seguro que acabará ahí, encadenada y preparada para ser torturada por todo el pueblo. Todas estas armas no son solo por decoración, no quiero presumir, pero soy bastante diestro usándolas... con algunas bastante mas que Yago. -Ambos echaron a reír. -Aquí tienes el gatillo-dijo el herrero, tendiéndole una pequeña bolsa de papel.
-Gracias, hasta luego.

Rodrigo salió de la herrería escribiendo en su cuaderno.

Cuando el gendarme llegó a la zapatería, seguía cerrada.
Frustrado, decidió echar un vistazo alrededor por si encontraba una llave escondida. Encontró una ventana abierta.
Sin pensárselo dos veces, Rodrigo entró.

Tras varios minutos registrándolo todo, y cuando ya se iba a dar por vencido al no encontrar nada fuera de lo normal, vio que el cubo de basura estaba demasiado lleno.

Bajo una montaña de periódicos viejos, encontró algo medio quemado: Los zapatos gigantescos que arreglaba cuando habló con él el día anterior.

Rebuscó en el interior de los mismos y encontró una bola de papel que había logrado sobrevivir al fuego donde seguramente fueron arrojados.

Rodrigo quedó asombrado. Era él, Daniel era el Lobo. Aquel trozo de papel era la primera página del libro sobre licántropos. Firmada por él y llena de anotaciones del zapatero. Parecía haber utilizado el libro tratando de encontrar un remedio.

La última anotación estaba dedicada a Estela.

“Yo sufrí sus consecuencias por mis dudas, espero que puedas usarlo a modo de ayuda, y no encuentres en él el horror y la amargura”

-Daniel le dio el libro a Estela. Quizá se enteró de que ésta era una bruja y pensó que podría ayudarle... Pero finalmente al no poder hacerlo ella decidió matarle.. No, no puede ser, todo ésto del lobo comenzó por culpa de que Estela siguió algo del libro.... Algo no encaja- Eran algunos de los pensamientos que rondaban la mente de Rodrigo, que apuntaba todo en su cuaderno.

El sol se pondría pronto. El gendarme guardó la hoja en su bolsillo y marchó rápido a casa del cazador. No podía pasar otra noche sin arma, ni mucho menos tocándole guardia.

-Bien, me pondré con ella ahora mismo... pero no creo que la tenga lista para ésta noche. -Se lamentó el cazador, tras coger la bolsa con el gatillo arreglado.
-Tengo guardia.. ¡No puedo patrullar sin arma! Por qué no me prestas..
-Lo siento, mañana temprano te la daré lista. -Yago cerró la pequeña abertura de la puerta.

El gendarme pensó en pedirle el arma a su compañero, pero tras llamar varias veces en la puerta de casa de Ángel, nadie le abrió.
-Qué demonios pasa en este pueblo... me veo haciendo la ronda usando un cortauñas como arma...

Casi lo había dado por perdido cuando se acordó de Jan. Con suerte tendría un arma de sobra. Rodrigo decidió volver a casa.


Carmen seguía dormida mientras Jan, sentado en una silla junto al pie de la cama, luchaba porque no se le cerraran los ojos.

Algo le hizo abrirlos de golpe.

Las bisagras de la puerta saltaron por los aires al tiempo que la madera de ésta se quebraba: El lobo entró a la habitación.
Parecía buscar a alguien mas en la habitación mientras Jan, que no apartaba la mirada de la bestia, se movía lentamente rodeándola en dirección a su chaqueta, colgada junto donde antes estaba la puerta, para coger su arma.

Logró coger la pistola, pero el lobo se percató de ello, haciéndole tirarla de un zarpazo.
Jan cayó al suelo, varios metros atrás, con la mano y el pecho malheridos. La pistola se deslizó fuera de la habitación.

El monstruo se abalanzó entonces sobre Carmen, que seguía dormida. Cuando trató de apuñalarla usando sus garras, Jan logró incorporarse e interponerse.

Las largas garras del lobo se clavaron en el pecho del militar.
Apretando los dientes, agarró el brazo al lobo usando su mano malherida, para evitar que despegara las garras de su pecho mientras que, con su otro puño, comenzó a golpear a la bestia en la cara.
-¡¡Hijo de puta!! -Jan se partía los nudillos golpeando una y otra vez al monstruo en la mandíbula.

El lobo no paraba de mover la cabeza intentando esquivarlo, mientras zarandeaba en el aire al militar, tratando de despegárselo de las garras.

Carmen despertó, gritó con un hilo de voz y retrocedió arrastrándose sobre la cama, mientras buscaba algo que arrojarle a la bestia. Agarró el candil de la mesita.

El cristal del candil estalló en la cara del lobo, quien en un último ademán usó su otra garra para abrir a Jan en canal, arrancándole de cuajo la mandíbula.

Lo dejó caer al suelo y comenzó a andar hacia Carmen, relamiéndose la sangre de la boca.

-¡¡¡¡APARTATE DE ELLA AHORA MISMO!!!! -Rodrigo apareció en la habitación, portando el arma de Jan.

El gendarme disparó, errando el tiro.

El lobo corrió hacia la ventana y saltó rompiendo el cristal para luego perderse en medio de la noche.


La mañana siguiente, Carmen aún no pudo asistir a la asamblea, ya que aún se encontraba indispuesta.

Rodrigo hizo pública la hoja encontrada en la zapatería y el pueblo no dudó en culpar a Daniel que, por otra parte, estaba desaparecido.

Se acordó que Ángel y Rodrigo irían a preguntar a Hernando si el zapatero había salido del pueblo.

-Pudo haberse marchado por el agujero de la valla junto a la cabaña de Jose... -Comentó Yago. -Lo mas seguro es que a estas alturas esté ya en otro pueblo.
-Eso no es posible. -Comentó Ángel.- Yo mismo me aseguré de que la valla estuviera correctamente arreglada.
-Ya, pero si es el lobo, ya rajó la tela metálica una vez, puede hacerlo otra... -Continuó el cazador.
-Entonces la prioridad debe ser revisar de nuevo las vallas. Ya en su momento lo dije, se debió usar muro de madera para todo el pueblo. -Apuntó Elan.

-No va a hacer falta revisar nada. -La puerta de la asamblea se abrió y entró Hernando, levantando a Daniel por la camiseta. -Ha intentado salir del pueblo sin que le viera.

Se armó un escándalo en la sala. Ángel y Rodrigo tuvieron que contener a varias personas, que intentaron acercarse a él para lincharlo.

La decisión fue unánime: Daniel sería ejecutado. Nisiquiera le dejaron decir una sola palabra.

Rodrigo, Ángel, Elan, Yago y el Alcalde se reunieron tras la asamblea, antes de la ejecución.

-Quiero que te encargues tú de la ejecución.-El alcalde señaló a Rodrigo. Usa la horca del descampado tras el ayuntamiento.-

Rodrigo asintió, aunque aún no estaba completamente convencido de estar haciendo lo correcto.
-Una cosa, me gustaría quedarme con el arma de Jan, ya que la mía aún está... estropeada.
-Lo siento, -se disculpó Yago- aún no he podido arreglarla. Es algo mas complicado de lo que creía.
-Está bien. -Dijo el alcalde.- Pero después de la ejecución. De momento vamos a guardarla como prueba.


Terminando el atardecer, Rodrigo llevó a Daniel, aún amordazado, hasta la horca en el patio trasero, a solas.

Le ató el nudo al cuello pero, antes de tirar de la palanca que le dejaría colgando, y tras cerciorarse de que no había nadie alrededor, decidió quitarle la cinta de la boca.

Daniel habló:
-¡Yo no he sido! ¡Puedo explicarlo!
-Es difícil que te crea cuando has intentado eliminar las pruebas y escapar del pueblo.
-¡¡Porque sabía que me inculparían!! Yo le regalé el libro a Estela, ese fue mi único crimen... por favor, tienes que creerme.
-¿Y por qué tenías ese libro?
-Porque.... fui un licántropo en otro tiempo, antes de mudarme a Saint-Piereg... Gracias a ese libro pude revertir el proceso... Un día Estela vino a que le arreglara unos zapatos, me fijé en el símbolo esotérico de su colgante y mantuvimos una conversación... me confesó lo de su brujería y yo le conté de mi oscuro pasado... Días mas tarde decidí regalarle el libro.
-Pero eso no explica lo de los zapatos gigantes.... -Rodrigo, aún con la mano sobre la palanca, comenzaba a dudar. La historia de Daniel tenía sentido.
-¡Ya te lo dije! ¡¡Esos zapatos eran un encargo!! los quemé porque noté lo que habías supuesto... pero eran un encargo de otra persona, ¡Lo juro! Para alguien fuera del pueblo además... el señor Yoshiko.
-.... ¿Como has dicho? -Definitivamente, Rodrigo no bajaría la palanca, al menos hasta aclarar ésto.
-Me hablaba con él por correspondencia... Yo no soy el lobo, nunca le habría hecho eso a Mirabay... menos aún cuando ella... ¡Un momento! -El zapatero cayó en la cuenta de algo.
-¿Qué pasa? -Preguntó el gendarme, intrigado.
-Sé.. se quien es el lobo. La única otra persona que escuchó a Mirabay cuando vino a recoger sus zapatos...
-¿Qué? ¿Quién? -El interés de Rodrigo no hacía mas que aumentar. Estaba planteándose soltarle.

Daniel alzó la vista y vio a alguien acercándose a Rodrigo por la espalda.
-Él.... -Dijo señalandole con la cabeza.

Rodrigo se dio la vuelta para ver como, el hombre que había aparecido a su espalda, tiraba de la palanca, dejando el cuerpo de Daniel inmóvil, inerte, suspendido en el aire.

El gendarme se apartó al tiempo que veía como las manos de aquel hombre comenzaban a temblar, vibrando de un modo espasmódico, al tiempo que mutaban. Trató de echar mano a su arma, había olvidado que no la tenía.
-Ahora lo entiendo todo.... -Dijo el gendarme, dando pequeños pasos hacia atrás mientras el lobo le miraba con malicia.

...Continuará.


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